Si te gusta escribir y quieres compartir tus textos .... ESTE ES TU BLOG. Manda tus relatos, cuentos, cartas o cualquier otro género narrativo a cuentocuentoscontigo@gmail.com y si son seleccionados, serán publicados en este blog. (Los textos no deberán exceder de dos o tres caras).

lunes, 7 de mayo de 2018

EL COMIENZO (Autora: MACAMEN DE VEGA)





Desde bien pequeño le habían gustado los peluches. Por eso en los ocho años que tenía de vida había acumulado gran cantidad de ellos pues siempre que había ocasión, quienes le conocían bien, le regalaban uno. A sus padres además les hacía mucha gracia esa manía suya de quitarles los ojos. Si, absolutamente todos sus peluches ya fueran osos, perros, ranas, leones... estaban sin ojos. Tardaba apenas unas horas desde que se lo regalaban en arrancarle los ojos y hacerlos desaparecer. La verdadera razón era que a él no le gustaba como le miraban aquellos adorables y tiernos muñecos. Cada vez que llegaba uno nuevo a casa sentía un enorme cosquilleo dándole la oportunidad de que le mirara diferente, pero nada, no había manera. Al cabo de un rato tenía que acabar con aquella molesta mirada.
Y ahora tendría que tomar medidas nuevas, ya que su hermano pequeño esta mañana desayunando le había mirado exactamente igual que sus peluches.......

lunes, 30 de abril de 2018

"NOCHE DE LOBOS" (Autora: SOCO RAMOS)



Al filo de la media noche Julián soltó una imprecación y maldijo la hora en que decidió bajar al pueblo. Todo por culpa del condenado vicio del tabaco. Podía haberse quedado en la casa esperando tranquilamente la llegada del día, descabezando un sueño ya que no podría escribir. Eso seguro. Julián se sabía incapaz de hilar una sola frase sin fumar. El cigarrillo en una mano y el vaso de whisky sobre su mesa de trabajo ya fuera ésta la de su estudio en la ciudad o la mesa de pino basto que le servía de apoyo en la cocina de aquella cabaña perdida en la montaña. El whisky casi ni lo probaba. No le gustaba su sabor pero formaba parte del rito de la creación desde que decidió ser escritor a los 17 años. El alcohol le proporcionó entonces una sensación de hombría y seguridad en sí mismo imprescindible para su vacilante carácter recién salido de la adolescencia.
La luna que un par de horas antes había iluminado la senda que bajaba al valle hacía resplandecer la nieve colgada de ramas y arbustos formando un escenario fantasmagórico propicio a fábulas y cuentos de miedo.
“Es año de lobos” le habían dicho los hombres en la cantina.
Los aldeanos se disputaban unos a otros la veracidad de los sucesos que contaban.
“Noche de lobos…, noche de lobos es ésta”, afirmó el más viejo con la convicción que da la experiencia. “Mala noche escogiste tú, muchacho, para dejar el refugio”.
A Julián le sorprendió la ventisca cuando caminaba de regreso. Cegado por el torbellino de los pequeñas copos tropezó en una rama que apenas sobresalía de la nieve y cayó al suelo. Tras unos instantes de conmoción sacudió la cabeza e intentó incorporarse. Entonces los vio.
Dos topacios salvajes brillaban en la oscuridad. Eran unos ojos que se movían entre los arbustos como luciérnagas montaraces.
La inmovilidad y el pánico llegaron a la vez.
Julián recordó una historia leída en su infancia: la valentía del niño tamborilero que en los picos de Europa había ahuyentado al lobo con el redoble incesante de su tambor. Pero él no tenía tambor alguno, ni arma con la que defenderse del inminente ataque. Yacía desamparado en medio de la nieve a merced de los colmillos del lobo.
Sintió las gotas de sudor contándole las vértebras como un rosario de hielo. Recorrían su espalda como lágrimas congeladas. Lágrimas de antiguos terrores. Miedos infantiles a las tinieblas, a la soledad y al abandono.
Los ojos color miel seguían al acecho contemplando al hombre caído. Sin acometer pero sin retirarse de la orilla del camino.
De pequeño Julián no se perdía ni un episodio de “El Hombre y la Tierra”. La imagen de Félix Rodríguez de la Fuente rodeado de lobos, acariciándolos como si fueran tiernos cachorros se le impuso como el único horizonte de esperanza. Tal vez…si él se atreviera…si pudiera arrastrarse hasta la margen del sendero…Si pasara su mano por el lomo del animal… No parecía muy corpulento, quizá no fuera más que un lobezno sin el instinto sanguinario de los lobos adultos…
Tembló ante la idea de ser atacado pero también pensó que era la única alternativa. Se deslizó sobre la nieve helada sin preocuparse del dolor que ya comenzaba a despertar en su tobillo. Despacio, con un movimiento imperceptible se aproximó y suavemente le acarició el lomo.
El animal se abalanzó a él, apoyó firmemente sus patas sobre sus hombros y acercó su hocico húmedo a la cara de Julián.
A continuación comenzó a ladrar y a mover el rabo con alegría perruna, contento de ser reconocido al fin por su amo.

martes, 24 de abril de 2018

EL SUSURRO DEL VIENTO (Autor: Juan Carlos Gacía Crespo)





Fue un sábado, lo recuerdo por qué ese día, después de tres semanas, papá descansó y él siempre descansa los sábados para estar conmigo.
Mí prima y yo teníamos ocho años cuando mí padre nos dejó solas en casa. Él aseguró que sólo fueron diez minutos, para nosotras fue una eternidad. Desde entonces Zaida tiene el pelo canoso y yo…, bueno a mí, veinticinco años después, siguen tratándome los psiquiatras.
Fue por la noche, mientras el ascensor nos dejaba en el cuarto piso. Papá se acordó que no había comprado para la cena. Nos dejó en la cocina, terminando los deberes.
-          Chicas, vuelvo enseguida, se nos ha olvidado comprar pan y huevos. ¿Os puedo dejar solas? Serán solo cuatro minutos- Era la primera vez que nos dejaba un ratito solas.
-          Vuelve pronto papi, tenemos hambre y no queremos estudiar más- le dije mientras le daba un beso.
Nada más que salió por la puerta dejamos los libros a un lado, empezamos a jugar, a decir bobadas y a reír.
Fui yo la primera que lo oyó. Una puerta se abría y cerraba sola.
-          Mira a ver tú, que eres más valiente- no sé cuál de las dos lo dijo.
Asomamos la cabeza, no se veía nada, oíamos la puerta moverse, al fondo una luz que parecía querer iluminar enseguida se apagó.
Encendimos nuestra la luz, salimos al largo pasillo, que aún nos pareció mas largo, y vimos como la puerta del fondo, la del baño, se abría y se cerraba de golpe. Varias veces, como si alguien dentro estuviera muy enfadado. Mí prima y yo, asustadas, nos abrazamos.
Fiiiiiiiuuuuuuuuu, fiiiiiiiiiuuuuuuuuu, fiiiiiiiiiuuuuuuuuuu. Silbaban como para asustarnos o seducirnos.
En una ocasión mí hermano Derek, más mayor y más chinchoso y mentiroso, nos contó la historia del susurro del viento.
-          Si un día escucháis su silbido, si oís que os llama, no hace falta que huyáis, os atrapará igualmente. Se transformará en vuestra fobia y no parará hasta llevaros con él.
-          ¿Que es una fobia Derek?- le pregunté.
-          Lo sabrás cuando la veas.
El pasillo comenzó a alargarse y estrecharse, se movía, nuestros corazones parecían querer salirse, nuestras almas querían escapar. Era el viento que venía a buscarlas.
Fiiiiiuuuuuuuuuu, Zaaaiiiiiidaaaaaaa, fiiiiiiiuuuuuuuuu, mí prima estaba aterrorizada- no, no, no, no- gemía. Oíamos como nos llamaba, susurraba nuestros nombres con tal poder de atracción que yo no podía mover un músculo, sólo desear que todo terminara pronto. La puerta se abría y cerraba, se encendió otra vez una leve luz que apenas iluminó pero que me sirvió para ver una sombra cruzar hacia nosotras. Mí prima Zaida acurrucada en el suelo ya sólo balbuceaba.
En un atisbo de lucidez se levantó y consiguió abrir la puerta de las escaleras, dio la vuelta, me agarró del brazo y tiró de mí. Salimos al rellano, Zaida llamó a los vecinos de enfrente, nadie contestó, yo, presa del pánico, con miles de arácnidos persiguiéndome, dejé cerrar la puerta de casa.
-          Aaaaaahhhhh- gritamos.
Estábamos solas, asustadas, descalzas, heladas de frío, muertas de pánico. Llorábamos cuando el ascensor comenzó a subir, se paró en nuestro piso y se abrió la puerta interior. Pensamos que era papá pero no salió nadie. Me hice pis encima. Importándome ya nada, abrí la puerta. Aliviadas entramos y bajamos al cero. Entre el piso dos y uno, el ascensor se paró, se apagaron las luces y el viento volvió a llamarnos. Volvimos a gritar, más fuerte, más veces, más horror. Enseguida el aparato volvió a ponerse en marcha y llegamos al portal con la cara desencajada y tiritando de miedo. En ese momento papá entraba de la calle y todo terminaba. Nos explicó que esa noche se había levantado viento, con la ventana abierta la corriente de aire movía la puerta, un vecino encendía la luz de su casa y reflejaba en nuestro baño.
Papá me dijo que yo había sufrido alucinaciones, que las enormes arañas que había visto y me habían atacado sólo eran fruto de mi imaginación, creadas por mí mente debido al miedo, que las picaduras que tenía me las provoque yo misma.
Mi prima Zaida jamás contó que le ocurrió, nunca más habló de ese día, su pelo se transformó y su carácter se volvió más taciturno. No se acerca a los chicos más de lo necesario. Le salieron moratones que papá dijo también fueron producto del pánico.
Yo no fui capaz de perdonar a mi padre y menos cuando me enteré que sólo había sido una broma suya con la intención de ver nuestra reacción y poder escribir una historia de terror para un concurso.
Odié a mí padre desde entonces. Por eso, días después, preparé aquello, una bromita, le dije mientras tirado en el suelo se apretaba el corazón. Me pinte, me despeine, me vestí con una túnica blanca, desconecte luces, usé una pequeña linterna para alumbrarme y arrastrándome me aparecí ante él igual que aquella chica de una película china. Se asustó tanto, tuvo tanto miedo, que le dieron tres infartos seguidos, murió con los ojos desorbitados. Él viento fue mí cómplice, me ayudó con los efectos de sonido y con otras cosas que no creeríais.
Por eso sigo aquí encerrada. Los médicos no confían en mi cura. Tienen razón, el viento sigue llamándome, susurra mí nombre, viene a buscarme y no me devuelve al sanatorio hasta atrapar más almas con las que silbar.


martes, 17 de abril de 2018

NOCHES DE INQUIETUD (Autora: Julia Alvarez)


Últimamente le resultaba complicado conciliar el sueño, escuchaba ruidos que le sobresaltaban, ni siquiera las plantas que le recomendó aquella amiga conseguían que las horas de descanso fueran reparadoras, se levantaba cansado, alterado, con dolores.

Aquella mañana cuando sonó el dichoso despertador para acudir a trabajar fue un esfuerzo titánico salir de la cama, la cabeza le estallaba. Se dirigió a la cocina para preparar el desayuno y de pronto se encontró en el vestíbulo de su piso un montón de papeles tirados en el suelo y alguno de los objetos decorativos que tenía en el mueble de la entrada hecho añicos. ¿Qué estaba sucediendo? ¿Quién había entrado a lo largo de la noche en su casa para preparar semejante desaguisado?.

La puerta que daba a acceso a su vivienda no parecía en ningún caso forzada.

Su corazón comenzó a latir con fuerza angustiado ante lo que contemplaban sus ojos. Quizá debía de poner en conocimiento de la policía lo que sucedía, pero no había indicios de que nadie hubiera entrado de manera irregular y por supuesto, la otra llave del piso estaba en casa de su hermana que precisamente en aquellos momentos volvía de pasar unos días de vacaciones en la playa, con lo cual era materialmente imposible que hubiera sido ella, y además ¿para qué aquellos destrozos?.  De todas maneras, la llamaría a lo largo de la mañana para preguntarle si había perdido la llave o se la había quitado.

Decidió no tocar nada y darse una ducha, a ver si el agua conseguía despejarle el aturdimiento que experimentaba. Aunque antes comprobó que la ventana del baño estaba cerrada y nadie se había colado por ella. Todo en orden allí. Dejar que el agua caliente cayera por su cuerpo fue bastante reconfortante. Y mientras se secaba con la toalla y comenzaba a vestirse, recordó que no había revisado la puerta de la terraza del salón. Era una zona conflictiva que ya había dado problemas a varios vecinos que estaban valorando cerrarlas dado que a través del canalón bajante se había producido algún allanamiento,  pero cuando los ocupantes estaban de vacaciones. Nada, ningún desperfecto, la puerta estaba perfectamente cerrada y los cristales sin daño alguno.
Desayunó algo a pesar de tener el estómago un poco revuelto y seguir alterado y muy preocupado por lo que estaba sucediendo. Todo era muy extraño, no parecía faltar nada y simplemente eran los destrozos y los papeles revueltos.

Cuando llegó a su trabajo, llamó a su hermana para asegurarse de que no había perdido la llave y comentarle lo sucedido. Ella le dijo que acababa de llegar a su casa, y mientras hablaban comprobó que la llave continuaba en su sitio. Le sugirió que hablara con la policía, pero claro no habían robado nada, ni puertas ni ventanas estaban forzadas. Era todo bastante absurdo.

Pasó el día muy inquieto, sin saber qué hacer. Al entrar de nuevo en casa al finalizar la tarde todo seguía igual que por la mañana. Los papeles tirados y los fragmentos de los adornos rotos en el mismo lugar. No se atrevió a recoger nada. Se dirigió al baño para darse una ducha relajante y puso un poco de música. Cenó algo ligero y se tomó una de aquellas tisanas que le había recomendado Adela, … por cierto, tenía que llamarla, hacía muchos días que no se veían para cenar o tomar algo. Era una amiga muy especial, entre ellos había mucha química y pasaban ratos muy divertidos. Ella le había asegurado que aquel brebaje de hierbas le ayudaría a descansar, aquella temporada estaba siendo muy complicada en el trabajo con sucesivos conflictos y reajustes que le habían sobrecargado de obligaciones, muchas de ellas ajenas a su cometido real.

Preparó la infusión, la dejó reposar unos minutos y la endulzó con una cucharadita de miel. Tenía un olor muy agradable, mucho mejor que su sabor. A ver si aquella noche podía conciliar mejor el sueño y no sucedía ningún fenómeno anormal. Al día siguiente recogería todo y pasaría la aspiradora para dejar limpia la entrada de casa. Dejaría de darle vueltas a la cabeza para encontrar una explicación algo lógica a aquel suceso. Imposible, era una locura.

Cayó en la cama profundamente dormido. En sus sueños discurrían acontecimientos locos e inquietantes: puertas que se abrían de golpe, ruidos lejanos de pasos que resonaban en la madera, voces que articulaban palabras inconexas e incomprensibles, era angustioso todo aquel despliegue que le provocaba un continuo movimiento en la cama. Y de pronto, allí estaba, aquel ser plantado delante del mueble de la entrada dispuesto a destrozar alguna de sus cosas. Lo estaba viendo claramente, de pi, impasible aunque no apreciaba de forma clara cómo iba vestido dada la oscuridad reinante, lo cierto es que parecía un hombre. Qué angustia!! Sentía que no podía moverse… Y de pronto, sucedió. Aterrado tuvo la lucidez suficiente para activar la llave de la luz y lo miró…. o mejor dicho, se miró…. sí, se sobresaltó al comprobar que aquel ser humano era él mismo reflejado en el espejo de la entrada en el preciso instante en que tenía aquella figura que había sido de su madre en la mano para lanzarla al suelo con rabia. Sé quedó congelado mirando la escena sin saber a ciencia cierta si era un sueño o la realidad, pero siendo consciente de la luz y de que él era el intruso que actuaba de aquella forma tan errática. Soltó la figura que tenía en la mano y cayó de rodillas al suelo llorando, sin saber qué le estaba sucediendo realmente. Agotado se quedó dormido y allí se despertó cuando oyó lejanamente la alarma del despertador que estaba en la mesita de su habitación.

Al principio no sabía ni dónde estaba ni qué hacía tirado en el suelo, pero luego recordó lo sucedido durante la noche. Decidió acudir urgentemente a su médico. Algo le estaba sucediendo y no podía dejarlo pasar. Le hicieron unos análisis que pusieron de manifiesto que aquellas hierbas habían producido una alteración bastante grave en su metabolismo, que no las asimilaba correctamente y le estaban resultando un potente tóxico que le hacía actuar de aquella forma. Curiosamente, había roto cosas vinculadas a recuerdos de su vida y a personas del pasado no demasiado agradables, pero que nunca se había decidido a tirar a la basura. Quizá la locura tiene su punto de verdad y hace aflorar nuestros más secretos deseos

viernes, 9 de marzo de 2018

LA CASITA SIN MUÑECAS DE MI ABUELA (Autor: Luis Fernando González)



Pocas veces suelo ir a la casa de mi abuela, no por falta de ganas, si por mí fuera viajaría hasta allí todos los fines de semana, pero la distancia que hay que recorrer para llegar a ese caserón perdido en medio de la nada es demasiado grande.

La casa de mi abuela es una casa especial, está encima de una pequeña colina y rodeada de los bosques más inmensos y verdes que uno se pueda imaginar. Nada más abrir una ventana o la puerta de la calle, te inunda una gran masa de luz que acompañada de una fresca ráfaga del viento es lo mejor para despertar. Muchas veces ese viento viene perfumado por el olor de las muchas flores que la abuela tiene plantadas alrededor de la casa, pero otras veces, en el otoño o en días fríos de invierno, los olores proceden del bosque y se perciben con todo detalle las hojas secas, las setas tempranas y la humedad.
Lo recuerdo muy bien de cuando era pequeña, pasé una larga temporada en aquella casa y fueron los días más felices de mi vida. Me levantaba por la mañana y al abrir la ventana percibía la fragancia de las flores que se mezclaba con el olor de las tostadas que la abuela hacía todos los días en el horno junto con el pan. Como me rugían las tripas nada más levantar, luego iba corriendo a la cocina, el lugar más bonito de la casa con su lámpara que imitaba a un planeta que se encendía al anochecer, y sin esperar a mis hermanos que eran unos dormilones, me ponía a desayunar. Mi abuela siempre me reñía porque no debía comer tan rápido, pero yo le sonreía y le decía que no lo volvería a hacer. Qué pena que al día siguiente se me olvidaba y volvía a desayunar con la misma rapidez.
Salir de casa era arriesgado y había que tomar precauciones, nos lo habían enseñado desde pequeños y mi abuela, siempre muy seria, proponía castigos muy duros si alguna vez no le hacíamos caso. Al abrir la puerta había que mirar a todos lados, al bosque y también al cielo. Siembre podía haber algún zorro, un lobo o algún animal extraño que nos pudiera comer. Y no era ninguna
broma, no. Recuerdo el día que vino mi abuelo corriendo y saltando todo lo que podía porque un zorro se había metido con él, pasó un momento muy agitado, pero al poco rato se le pasó.
Yo no tengo miedo y por eso me gustaba salir, abrir con cuidado la verja sin dejar que hiciera ruido y adentrarme en el bosque donde podía vivir aventuras impresionantes. Como la de aquél día que saltando por el sendero principal me encontré con un inmenso ciervo con grandes cornamentas que le servían para luchar. O aquél otro día que me crucé con un tejón de largas uñas que tenía para escavar. Los animales grandes me gustaban, pero lo que realmente me fascinaba era el canto de los pájaros. Los veía saltando de rama en rama llenos de sonidos con colores y que, con el paso del tiempo y algunas explicaciones de mi abuelo, los conseguí diferenciar. Por eso sabía que no son lo mismo un cuervo negro y grandote, que una urraca blanquinegra y enclenque, aunque sean de la misma familia.
Con las orejas tan largas que tenemos escuchamos hasta el último silbido, por eso escuchar a los más pequeños era lo más divertido. El petirrojo, el herrerillo, el carbonero y el mirlo, todos con su melodía diferente. ¡Qué placer era regresar a casa con todos esos sonidos dentro de la cabeza y saber que la abuela te estaba esperando con su delantal de lunares rojos!
Ahora vivo en la ciudad con otros conejos felices, pero a veces siento nostalgia y me gusta recordar los años que viví en casa de mi abuela donde a la entrada no había un cartel que dijera “Home sweet home” como en otras casas, la nuestra era especial y el cartel más grande que adornaba la estancia principal decía “I love conejitos”.


sábado, 3 de febrero de 2018

AMORCICIL FORTE 600 mg (Autor: MIGUEL ANGEL CERCAS)




( Foto tomada por Francisco Fernández Mella)



Prospecto: información para el usuario
Amorcicil Forte 600 mg

Comprimidos efervescentes.
Lea todo el prospecto detenidamente antes de empezar a tomar este medicamento, porque contiene información importante para usted.

Contenido del prospecto:

1. Qué es Amorcicil y para qué se utiliza.
2. Qué necesita saber antes de tomar Amorcicil.
3. Cómo tomar Amorcicil.
4. Posibles efectos adversos.
5. Conservación de Amorcicil.
6. Información adicional.

1. Qué es Amorcicil y para qué se utiliza.

La tonteína y la bobeína, principios activos de este medicamento, pertenecen al grupo de los denominados eufóricos que actúan en la mente de las personas produciendo el enamoramiento. Inmediatamente, dan una sensación de felicidad incomprensible médicamente -y de cualquier otro punto de vista-, disminuyendo la ansiedad en el enfermo ya que este medicamento está indicado para facilitar la eliminación de problemas, reales o imaginarios, haciendo que la vida se vea de color rosaseo. Está especialmente indicado para personas sensibles, para quienes piensan que lo realmente importante en esta vida es escribir sobre un caracol en lugares comunes, para quienes sienten pasión por Miguel Hernández, para quienes tocan instrumentos orientales, para quienes piensan que “De poco le sirven las puertas abiertas a quien tiene la mente cerrada”, para quienes tienen una hermana gemela, para quienes se “sienten incurables aprendices de escribidor”, para quienes el sonido del rabel “le transporta a su tierra, las montañas, los castaños y los robles” o para quien se dedica con pasión al asesoramiento financiero y anda en crisis total al cumplir 50 años un 12 de enero cualquiera.


2. Qué necesita saber antes de tomar Amorcicil.

No es recomendado si es alérgico a la alegría y las ganas de vivir y está empeñado en llevar una vida mustia. Tampoco si tiene pánico al trato íntimo con las personas o si se siente dichoso en su soledad. Los siete efectos conocidos de este medicamento son:

- Uno: Necesariamente se enamorará de otra persona, normalmente del sexo opuesto al suyo. Esto sucederá en un 95 % de los casos —el que se enamore de otra persona—, el que sea de sexo opuesto o no mejor no comentar, se puede herir susceptibilidades de género.

- Dos: Sentirá la necesidad imperiosa de estar cerca de la persona amada, muy cerca de ella, lo más cerca posible de ella, vaya. Ya nos entendemos.

- Tres: Sus sentidos adquirirán una nueva dimensión: olerá fragmentos de la persona amada que antes de tomar la medicación le habrían pasado totalmente desapercibidas como son su piel o su cabello. El sentido del tacto se le afinará. El gusto le hará paladear nuevos matices desconocidos hasta entonces. El oído se perfeccionará y será capaz de distinguir la vocecilla de la persona amada que pide auxilio en esa manifestación en la que participan miles de arruinados después de explotar la burbuja de las criptomonedas, Bitcoin incluido.

- Cuatro: Sufrirá convulsiones cada vez que vea a esa persona y cada palabra salida de su boca le parecerá importantísima e interesantísima. Lo más importante e interesante que se haya dicho jamás. El primer mes tartamudeará un poco y le costará mostrarse como es en realidad, ya que en su mente tendrá el objetivo continuo de caerle fenomenal a esa persona. Siendo este proceso patético y agotador, tranquilo, este deseo se extinguirá por sí solo al cabo de seis meses de tratamiento y volverá a ser como es usted en realidad: ese ser egocéntrico y timorato, al que las reprimendas de su madre y de su profesora de lengua le han marcado tanto que ahora necesita treinta y tres sesiones de psicoterapia con la psicóloga argentina o cubana de turno, a la que llegará a conocer después de haber sucumbido a tantas sesiones, y de la que se enamorará sin necesidad de tomar Amorcicil Forte, pues aunque resulte casi inimaginable, hay gente que se enamora sin tomar antes Amorcicil Forte.

-Cinco: De repente, mostrará entusiasmo por cosas que antes le pasaban inadvertidas y adquirirá sabiduría en el trato con las personas del otro sexo. Así, por ejemplo, comprenderá que la mujer no quiere que le resuelvan el problema cuando preguntan algo (ya lo han resuelto hace décadas), sino que lo único que quieren es que la escuchen; o por ejemplo, si es mujer y ese día no le ha dicho su chico cincuenta veces que la quiere, comprenderá que no es que no la quiera, es que está preocupado por si Ronaldo ganará o no por tercer año consecutivo el balón de oro.

-Seis: La visión se le hará borrosa hasta que se encuentre delante de la persona amada. Entonces, percibirá de golpe toda la realidad como es, con absoluta nitidez.

-Siete: El corazón le palpitará al principio muy rápido. Irá como a galope. No se impaciente, slow, al cabo de tres semanas, volverá a su ritmo normal de trote cochinero.


3. Cómo tomar Amorcicil.

- Se puede tomar una dosis antes de la comida.
- Si está embarazada o en periodo de lactancia, consulte a su médico o farmacéutico, pues el Amorcicil le puede producir desencaje de mandíbula al darle de continuo la llamada «risa tonta», lo que puede afectar gravemente a su bebé, pues puede hacerle pensar a esta criaturita de Dios que vendrá a un mundo perfecto, algo muy poco conveniente.

- La dosis recomendada de este medicamento es:

En adultos hasta los 40 años: 2 pastillitas al día.
Desde los 40 hasta los 50 años: 6 pastillas al día. (Es una edad muy mala. La crisis. Ya se sabe. La midlife crisis. La crisis de los 40, y la de los 50).
A partir de los 50, volver a la dosis normal de las 2 pastillas al día.

- Los síntomas por sobredosis son náuseas, vómitos, ardor y dolor de estómago. En caso de sobredosis o ingestión accidental, consulte inmediatamente al gran maestro Sako en el 902-333-222, disponible 365 días al año, las 24 horas del día. Como un Call center.

4. Posibles efectos adversos.

Al igual que todos los medicamentos, Amorcicil puede producir efectos adversos, aunque no todas las personas lo sufran.

Se pueden producir los siguientes efectos adversos:

- Efectos físicos: el lóbulo cerebral derecho renacerá, esto le hará ser una persona más creativa, por ejemplo, a la hora de escribir relatos o cuentos, o microrrelatos, o aforismos que hay gente que le da por ahí. Perderá su lado más racional y reflexivo. Ganará en impulsividad y emotividad, algo sumamente peligroso en este mundo tan ordenadito en el que vivimos.

- Efectos psíquicos: en presencia de la persona amada:

- Sentirá que su cuerpo no pesa (efecto flotación sostenida).
- Cualquier suceso le recordará la primera vez que hizo algo con él o con ella (efecto memoria impresionada).
- Todo le sabrá apetitoso (efecto placebo).
- Desaparecerán de su cabeza el resto de las personas (efecto percepción selectiva).
-Solo le interesará lo que le afecte a la persona amada o lo que les afecte a los dos directamente (efecto interés selectivo).

5. Conservación de Amorcicil.

Mantener este medicamento fuera de la vista y del alcance de los niños. La niñez, esa etapa que como dice la escritora Flor Méndez “aún no entiende de suspiros, ni de negros, ni de penas ni de duelos”. Ni siquiera es aconsejable que esté al alcance del adolescente, no vaya a ser que, como dice la escritora Noemí Montañés, “les haga sentir y hacer presente en un mundo que ellos no han escogido”.

No requiere condiciones especiales de conservación.

6. Información adicional.

La información detallada y actualizada de este medicamento está disponible en la página web de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios.

 
El autor del relato repartiendo amocicil entre los asistentes a cuento cuentos contigo
(foto de Alejandro Nemonio Aller)

lunes, 8 de enero de 2018

"LOS COLORES DE LA MÚSICA" (Autora: SOCO RAMOS)

ILUSTRACIÓN DE ALVAR ALDIEL

Este relato fue escrito para la sección "poniendo historias" que cada mes se propone desde los encuentros de CUENTO CUENTOS CONTIGO. En este caso los relatos debían estar inspirados en la ilustración de Alvar Aldiel. Entre todos los enviados, fue este relato de la escritora Soco Ramos, el elegido para representar dicha ilustración.

El día promete ser cálido pero aún no lo es. En la confluencia de las principales calles de la ciudad se baten a duelo los vientos venidos de los cuatro puntos cardinales. Finalmente, impulsado por ráfagas heladas, el viento del norte poderoso, dominante y frío, gana el silencioso combate. Orgulloso y gélido se abre paso entre los árboles del bulevar cuyas ramas le rinden pleitesía doblegadas por la escarcha. Todavía no se oye la algarabía mañanera de los pájaros.O tal vez sí. Quizá hayan comenzado su piar alborozado ante el nuevo día y es Elisa quien no les oye, quien no les presta atención subyugada por las notas que provienen de un instrumento musical cercano. Un saxofón.
Atraída por su sonido se aproxima a la esquina donde un tímido rayo de sol esquiva el aire helado y tiñe las piedras del antiguo palacio renacentista de un suave tono dorado.

Conoce el tema: “Summertime”, de Gershwin. Lo ha escuchado miles de veces en sus momentos de añoranza, “nada puede hacerte daño con papá y mamá a tu lado Pero papá y mamá hace años que ya no están. Desde el terrible accidente de coche que sufrieron los tres y que costó la vida a sus padres.
 Elisa sigue escuchando y espera con el corazón palpitando de ansiedad que de un momento a otro el músico cometa un fallo, una nota discordante que quiebre la limpidez de la melodía. Pero la ejecución es impecable. Se diría que son los dedos mágicos de Charlie Parker quienes arrancan sonidos sublimes al saxofón.
Ella no siempre ha sido una entusiasta del jazz. Sus preferencias iban por otro lado. Música barroca o romántica. Aunque la melancolía del “Summertime” se asemeje bastante al poso de tristeza de los nocturnos de Chopin.
Elisa llegó al jazz de la mano de Cortázar, identificada con la angustia de Johny Carter, el ángel caído que lucha con el tiempo a medio camino entre el peso del pasado y la luz de un futuro que él sabe inalcanzable.
Y ¡por fín! ¡Lo inesperado a fuerza de desearlo acontece! El músico ha pulsado una llave equivocada y el instrumento ha emitido un quejido sonoro.
Elisa sonríe. Vuelve a verse sentada entre sus padres en las gradas de madera del circo, riendo como ríen los niños cuando el payaso tonto arrebata el saxofón al payaso listo y torpemente intenta imitar su música. Los niños celebran cada nota fallida con aplausos. Ellos aman al payaso tonto y no quieren que el payaso de la cara blanca se mofe de su ineptitud.
En la imaginación de Elisa se encienden los focos que iluminan la pista. Ve las lentejuelas brillantes de los trajes de los trapecistas… Ve la ceja negra del clown dibujada sobre el maquillaje blanco como si se encontrara en un continuo estado de sorpresa… Ve al pobre payaso tonto dando vueltas alrededor de la pista con sus enormes zapatones negros… Ve su nariz de bola… Ve su boca pintada de rojo…

Se hace tarde y ella debe llegar a tiempo a su trabajo
Elisa camina por la acera apartando con su bastón de invidente las sombras del futuro.
Las notas del saxofón han devuelto a sus ojos ciegos los colores de la infancia y como si se tratara de un milagro, papá y mamá están a su lado.



cuentocuentoscontigo@gmail.com

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *