Si te gusta escribir y quieres compartir tus textos .... ESTE ES TU BLOG. Manda tus relatos, cuentos, cartas o cualquier otro género narrativo a cuentocuentoscontigo@gmail.com y si son seleccionados, serán publicados en este blog. (Los textos no deberán exceder de dos o tres caras).

lunes, 16 de octubre de 2017

"VOLANDO A RAS DE SUELO" (Autora: GELINES DBT)

FOTO de: MARCELO OSCAR BARRIENTOS TETTAMANTI

(Nota: Flin es un caracol que forma parte de la familia de Marcelo Oscar Barrientos Tettamanti, protagonista de mil historias que este "loco" fotógrafo, poeta y cuentista le hace vivir y que por suerte muchos de nosotros hemos podido compartir, Flin se ha convertido en un personaje muy querido entre todos los que seguimos sus "aventuras" y por eso Marcelo nos propuso un reto: escribir un relato inspirado en Flin. Marcelo debería escoger uno entre todos los enviados, pero cedió ese honor a Flinn, al que coloco en el interior de un círculo con los nombres de los autores. Flin se movió de un lado al otro y al final se paró muy decidido en el de GELINES DBT y es que Flin tiene muy buen gusto como podéis comprobar......)


Hoy llueve y cada gota de lluvia es una llamada al combate, a luchar por la supervivencia, aunque hay amaneceres  que cuesta demasiado vencerlos, como el de hoy. Cargo mi vida a la espalda y avanzo despacio por la calle que despierta con olor a churros y café, observo las vidas que transcurren ajenas a mí, sin verme, y si me ven me esquivan apartando la mirada porque les desagrada mi presencia.
Me cruzo un grupo de muchachos borrachos procedentes de una fiesta interminable y una joven prostituta de  ojos tristes y lejanos, como los míos si pudiera verlos. Me arrimo a la pared esquivando  a los chicos y trepo con la mirada por la costura de las medias de la chica que me recuerdan las líneas de mi concha porque llevan impresas muchas historias, recuerdos  que a veces hunden y otras elevan, aunque poco, porque la primera norma de supervivencia es permanecer abajo, a ras de suelo. No ver ni ser visto. Prohibido mirar ventanas iluminadas donde se intuyen niños recién levantados cubiertos de sueño y jabón, manos de madres tejiendo trenzas y risas, muchas risas, de esas que aunque intente evitarlas mis sensores las captan, se cuelan en mi interior y me trastornan.  Sigo con paso lento pero decidido, como si caminara hacia un lugar donde alguien me esperara, a ese lugar tan lejano que ya parece inexistente. Prefiero no pensarlo  porque si lo hago la añoranza me cubre con esa baba pegajosa que todo lo impregna y voy dejando rastro por donde paso y a la gente no le gusta la tristeza ajena.
Me atrae el parque y su humedad, verde y lluvia, lluvia verde: por un momento el mundo me parece hermoso, me tiendo en la hierba mojada y me calmo. Pienso en el calor de la arena donde empecé mi viaje, en la dureza del trayecto y en lo solo que me siento algunos días y todas las noches. Vivo acurrucado en la concha que me libra de la intemperie pero también de los abrazos y me cobijo en los ojos de un niño que muchas tardes me mira sin miedo, sin prejuicios. El instinto siempre termina arrastrándome a este lugar esperando encontrarme con él. Hace meses que cosió la grieta que me separaba del ser humano, fue una tarde que vencido por ese cansancio interno de quien no tiene en quien apoyarse, abandoné mi cuerpo sobre un banco del parque. Tenía hambre, sobre todo de afecto. A media tarde los niños, sus gritos y meriendas desembarcaron sin aviso. Traían juguetes de colores, bocadillos de nocilla y una alegría que me apretaba algún órgano interno, pero no podía irme de allí, aunque doliera. Entonces se acercó él, llevaba el pelo sudoroso y alborotado, en la espalda una mochila como la mía pero la suya contenía libros y lapiceros de colores. En la mano un bocadillo de jamón york y en la boca una sonrisa. Se sentó a mi lado, mordisqueando el pan con desgana mientras observaba a su padre que fotografiaba un caracol que descansaba en una hoja. De repente, el pequeño se dirigió a mí:
-“¿Quieres un poco?”  - “No, no gracias” – respondí mientras intentaba sonreír pero no me acordé como se hacía. “Toma, no me apetece y si no lo como mi padre se enfada” y me puso el bocadillo en la mano. ¡Sentí su tacto! Nadie me había tocado con afecto desde que desembarqué en este país. El calor del roce y su mirada me derribaron y toda mi saliva se concentró en la garganta. Ya se alejaba corriendo cuando se giró y me dijo:
- “Me llamo Hugo ¿y tú?” – “Flin, me llamo Flin”. Casi no me acordaba porque nadie me había preguntado mi nombre  desde que llegué a este país, salvo la policía aduanera.
- “¿Flin?” Repitió el niño riendo y en sus labios sonó a Flan, dulce  y tembloroso, el mismo temblor  que recorrió mi espalda y me subió por las entrañas. Hugo ya corría hacia su padre y yo seguía respondiéndole por dentro: “Si, me llamo Flin y tengo una familia que me espera al otro lado del mar y dos niños como tú que piensan que soy un héroe mientras yo arrastro mi tristeza y una mochila llena de música y pulseras para otros. Solo tengo una esquina vacía donde descargo mi peso cada mañana, si la policía me lo permite…” Y narrando al Hugo ausente mis secretos y mis miedos la concha se fue ablandando, mis nudos se soltaron…y lloré, lloré lágrimas emigrantes, las que tenía retenidas desde que salí de mi casa, de mis niños, de mí vida.
Su tacto me lavó los desprecios recibidos,  arrancó durezas  del alma, me cubrió con una capa de ternura ligera y calentita y me alimentó con una rebanada de paz. Hugo me recordó la razón por la que cada día debo volar aunque sea a ras de suelo y con mis pertenencias a la espalda: para que mis niños lleven en su mochila lapiceros de colores. Y aquí estoy, tumbado en la hierba imaginando que un día podré traerlos a este parque mientras mi esposa les vigila y yo hago fotografías a las hojas del otoño cuando cambien de color. Porque a ellas, como  Hugo, no les importará que mi color sea diferente.




jueves, 14 de septiembre de 2017

"POLVO DE ESTRELLAS" (Autora: LALY DBT)

Relato inspirado en la acuarela de la ilustradora ALBA FERNANDEZ ALFAGEME

No me llores mamá… no me llores, que aquí el llanto no existe y no he aprendido a ser lágrima.
No me llores mamá, no me busques ni me esperes, que estoy en pleno vuelo.  
¿Sabes? Aquí no hay barro ni suelo, ni fronteras, ni alambradas, ni banderas con lunas y estrellas de mentira. Aquí no hay hambre ni guerras ni tormentas. No hay razas ni dioses malvados, ni pateras. No hay miedo ni sequias, ni balas, ni tiranos.
No me esperes mamá, que no me he ido. No me busques, estoy en todas partes.   Guárdame el secreto, que sólo tú y yo sepamos que estoy vivo.
Que no sepan  que estoy en la flor de la ventana, en la sombra de la huerta, en el aire que respiras, en la espuma, en el tronco, en tus manos, entre el trigo…
Que estoy acurrucado en tu butaca y entre las hojas de tu libro, enredado entre tu pelo y escondido bajo la tapa del piano, esperando  ser tu música.
Siénteme mamá.  Soy el  olor de tu café por la mañana y el del agua de rosas en tu cuello,  soy el color de tu vestido favorito,  soy tu espejo.
Estoy en tus silencios y al llegar la noche, soy tu sueño.
¿Ves aquel pájaro que pasa? Soy su vuelo.
No les digas que Peter Pan existe, que piensen que solo soy un cuento.
Que no me encuentren. Que no sepan que salí volando y ahora vivo con las hadas, que soy polvo de estrellas, que estoy contigo, dentro y fuera de tu cuerpo.
No les odies mamá, no te enfades, no sufras, no intentes comprenderlo.
Ellos piensan  que  se puede matar a la inocencia, la que  sólo muere con el paso de los años y  la mía… no tuvo tiempo.
Que no sepan que seré tu niño para siempre.
Pero no me llores mamá, no me obligues a ser lágrima, que está salada y  escuece.
Y si te empeñas en verme, no mires al suelo, búscame en el aire.

Lo que murió en Las Ramblas solo era mi cuerpo.

miércoles, 26 de julio de 2017

"EL ABUELAZGO" : -12 Historias, 12 Autores- . (Autores: Macamen de Vega, Marcelo Oscar Barrientos Tettamanti, Maria José Montero Nuñez, Emilio Ponce, Tomás Angel, Rosa Marina Gonzalez Quevedo, Cristina Flantains, Yolanda Nava, Yiyi Jimeno, Flor Méndez Villagrá, Mari Vi Rguez Gomez)


Doce historias diferentes sobre un tema común: " EL ABUELAZGO"




LABUI” 
(Autora: MACAMEN DE VEGA)

Era toda de melocotón. Su piel, suave y rosada, con aroma a frutas, a pastilla de jabón recién desenvuelta, a pan con chocolate. Sus abrazos, tibios y firmes, confortables como hundir el cuerpo en el colchón más cómodo del mundo. Sus besos, como el algodón, igual que cerrar los ojos un día de brisa suave de verano y dejar que te acaricie la cara. Sus pasos por el pasillo, al levantarse por las mañanas, sonaban como un paseo por un jardín en primavera; y al irse a la cama por las noches, sonaban como un paseo por un bosque en otoño. Y su voz sonaba a cuentos. Siempre. Cuando hablaba por teléfono, cuando pedía en la carnicería, cuando rezaba en voz alta…
Sus arrugas eran profundas y descaradas solo alrededor de la boca, dibujando siempre una sonrisa amiga. Las del ceño, inexistentes, las aprendió a borrar con el paso del tiempo, decía ella. Yo creo que nunca las tuvo. Y sus ojos azules, llenos del embrujo de la luna llena, tal que, al mirarlos, sabía yo que no había en el mundo cosa más hermosa que mirar que aquella luz encerrada en ellos.
Cogía mi cara entre sus manos temblorosas y me hacía cosquillas. Sonreía. Yo apoyaba mis manitas sobre las suyas y las apretaba contra mis mofletes. Toda mi cara temblaba entonces al ritmo de sus manos y nos reíamos a carcajadas. Su risa sonaba a cascabeles, campanas y platillos. Y la habitación se llenaba de colores y confeti.
Así era mi abuela. Toda de melocotón, de música, de cuento, de luz, de luna y de color.

 ----------------------------------------------------------------------

(Autor: MARCELO OSCAR BARRIENTOS TETTAMANTI)

Tuve cuatro abuelos como cuatro puntos cardinales. Mi abuela paterna era mi Norte, siempre llena de sabiduría, era como si leyese mi vida como un libro y fuese dos páginas por delante de mí. Mi abuelo paterno era el Este, un amanecer continuo, era un carpintero y construyó su propia casa y un gran salón donde trabajaba, aquella carpintería impregno de olores a madera mi infancia, las espadas que él me hacía me transportaban a mundos de fantasía de los que parte de mí no ha regresado. Mi abuela materna era el Sur, a su lado la vida tenía los sabores más increíbles, no importaba el plato, todo era sabroso y abundante, mi madre se enfadaba porque yo comía cosas que con ella no, mi abuela posaba su mano sobre la mía y me decía: -Ni caso.
Mi abuelo materno era el oeste, la más maravillosa puesta de sol, él me enseño a pescar, pero sobre todo a reír en cualquier situación, como cuando al subir al coche camino de un cumpleaños piso la tarta que estaba metida en una bolsa, vio mi cara de horror y sonriendo me dijo: -Lo pasado pisado.
Mis abuelos son mi historia, mi origen, mis puntos cardinales. Hoy estoy muy triste porque he perdido el Norte. 

-----------------------------------------------------------------------

(Autor: JUAN CARLOS GARCIA CRESPO)

En varias ocasiones el abuelo nos relataba historias que el mismo había oído en un filandón. Las noches que el abuelo se reunía con nosotros las mujeres olvidaban zurcir secretos, bordar rumores e hilvanar las intrigas del pueblo. Los niños tirábamos las bicis, dejábamos los juegos, las competiciones y las rivalidades. Los hombres apagaban sus cigarros y por unos instantes olvidaban arreglar el mundo. Todos pendientes del sabio anciano. Atónitos, seducidos por su monologo, maravillados del argumento, olvidábamos por un largo periodo nuestras propias vidas. Solo anhelábamos escuchar a Pedro, oír como su voz nos embaucaba, como nos seducía, como nos hechizaba mientras relataba la historia, queríamos sentir como nos transportaba a otro mundo, experimentar su relato, notar el miedo, el dolor, la felicidad y el amor de sus personajes de ficción. O quizás, ¿sus protagonistas eran reales? No era solo lo que nos contaba, no eran solo sus cuentos. Era como relataba, como utilizaba su voz, como modulaba sus cuerdas, sus palabras para llevarnos tan lejos de nuestras casas, a lugares tan lejanos donde nunca llegaríamos, con seres tan extraños, que el regreso a la realidad era tan doloroso como la máscara con la que tapábamos nuestras decepciones.

-----------------------------------------------------------------------

(Autora: MARIA JOSÉ MONTERO NUÑEZ)

Aquel hombre mayor que vivía en nuestra casa era el padre de mi padre. Siempre me sonaba como una caricia la voz de mi padre llamándole papá al abuelo.
Mi hermana y yo compartíamos con él la mayor parte del tiempo 
desde que madre se vio obligada a emigrar para mantener a flote la flaca economía de la familia. Él era quien se encargaba de cuidarnos mientras padre se ocupaba de las faenas del campo. Él era el cocinero de la casa, esa tarea la adquirió
por obligación, desde que madre no estaba. Sus platos eran sencillos, pero sabrosos. Recuerdo todavía el sabor de los " cachelos " con chorizo, el cocido : Con su repollo y sus patatas, su trozo de "cachucha", su pata, su costilla, su tocino ( todo de los cerdos que se criaban en casa ) y aquel pedacito de lacón , que era un manjar de dioses, compartido y repartido en cuatro partes iguales.
Algunas veces, nos tocaba acompañarlo a pastorear las vacas. Aquella tarde, que llevo grabada en la mente como un hierro candente, padre y el abuelo prepararon el carro para traer la hierba verde para las vacas. Cargaron un saco de maíz y salimos los cuatro. Mi hermana y yo íbamos felices subidas en el carro, padre guiaba las dos vacas que lo acarreaban y el abuelo arreaba a las otras. Llegamos al prado temprano porque era invierno y la luz diurna era necesaria para realizar los trabajos del campo. Padre cargó el saco al hombro y tomó la senda que llevaba al molino. El abuelo cuidaba de las vacas mientras nosotras jugábamos. Una de las vacas se metió en el prado de un vecino, oí que el abuelo la llamaba enfadado y miré. Corría, el abuelo corría y, de pronto se cayó. Permaneció inmóvil. Lo llamé una y otra vez y no obtuve respuesta. Entonces, grité y me oyeron dos hombres que estaban arando. Echaron a correr hacia nosotros, vi que padre regresaba del molino y que también corría. Corría y gritaba :¡ Papá, papá! ......
No sé cómo llegó aquella mujer que intentaba consolarme. Sólo veía al abuelo tirado en el suelo, boca abajo, con parte del cuerpo en la pequeña acequia, mojado. Entre sueños escuché a mi padre : ¡ Llévate a las niñas, llévate a las niñas! .
La parca llegó aquella tarde y le rompió el corazón al abuelo, esa misma tarde se llevó también el resto de mi infancia. Se acercaba la Navidad y aquella niña se hizo adulta con ocho años.

----------------------------------------------------------------------

(Autor: EMILIO PONCE)

Una vez más, sus mejillas se sonrojaron. Sus labios, tan carnosos como antes, dejaron entrever una sonrisa que limitaba con la carcajada. Podían apreciarse sus dientes blancos y brillantes aun con el paso de los años.
Sus expresivos ojos, marcados por los surcos de la sabiduría, mostraban un resplandor único que sólo él conocía.
De ellos, brotó una lágrima.
Esta vez no era amarga, sino dulce como la miel.
Con ella, agradecía a su compañero el pasar de los años."

--------------------------------------------------------------------

(Autor: TOMAS ANGEL)

Un día la echamos en falta. Como ese adorno invisible por la rutina del que te percatas precisamente cuando desaparece.

Todos en el barrio la llamábamos "La abuela". Como no tenía familia conocida, la habíamos adoptado. Ella ejercía de tal pero no del tipo que soborna a sus nietos con chucherías. La recuerdo como ese bálsamo para el llanto por la rodilla pelada. Y cuando se arremangaba las faldas para darle unas patadas al balón. (En aquella época no jugábamos en un sillón, sino en la calle)

El abuelo de Marcos afirmaba que la había conocido cuando era sólo un niño. Era evidente que chocheaba.

El día que desapareció, el barrio se sintió culpable por haber extraviado algo tan valioso. Ni en parques, ni en hospitales, ni ... Ni rastro.

Ahora el abuelo soy yo y el cariño de aquella mujer es mi referencia, lo más parecido a una abuela de verdad que he podido tener.

Esta mañana me crucé en la plaza con "La abuela'. Me saludó sonriente antes de entrar en el super. Con naturalidad, como si mis últimos cincuenta años hubieran sido un sueño. Le habría formulado un montón de preguntas, pero mi mandíbula estaba desencajada.

-------------------------------------------------------------------

"ABILLO CAN" 
(Autora: ROSA MARINA GONZALEZ-QUEVEDO)

Él era mi abuelo Carlos, pero para mí, a los cuatro años, sonaba mejor “abillo Can” y así le llamaba y basta. De baja estatura y mente elevada mi querido abuelo hizo todo lo posible por quedar en el estrato superior y más dulce de mi memoria. Lo recuerdo así, con aquellos pantalones demasiado anchos que volaban al viento. Jaranero, burlón. Fumador de puros, de aquellos llamados “cazadores”, a veces tan largos que le hacían parecer ridículo. Siempre envuelto en una nube de humo. Leía mucho y de todo. Me hablaba de Oscar Wilde, de Gertrudis Gómez de Avellaneda, del Decamerón, de la historia de Roma... Leía como sólo lo hace un poeta, viviendo el mundo ajeno desde su sillón... ¡Hasta llegó a escribir dos novelas y todo! Dos novelas que quedaron en algún cajón y que hoy, desde el tiempo y la distancia, son leyenda.
Cada tarde me llevaba a ver el mar a la puesta del sol. El acantilado estaba muy cerca de casa. Y desde la altura del arrecife, sentados en un muro de piedras, el crepúsculo parecía un caleidoscopio de colores y el rumor de las olas se tornaba mágico en el silencio. Y allí, cada tarde, buscábamos algún significado para el infinito; él envuelto en su pasado remoto, yo inconsciente de mi futuro imperfecto. Tal vez aquél era su momento de paz imprescindible. Y luego, de regreso a casa, sentándome en sus rodillas me contaba historias de miedo para niños. Cuentos que él mismo inventaba. Y mi imaginación hervía a borbotones. Él me enseñó a llenar de imágenes literarias mi primer libro de cuentos. Mi querido “abillo Can”. Ojalá supiera dónde fuiste aquella tarde fría de un mes de marzo. No sé, pero creo que apenas lloré tu ausencia. Era yo demasiado joven y creía, firmemente, que volveríamos a vernos a mi regreso del cole. Que volveríamos a soñar despiertos. En el acantilado. (Rosa Marina González-Quevedo)


---------------------------------------------------------------------

EL DESTINO DE KARIN
(Autora: CRIS FLANTAINS)

Se despertó sobresaltada. La noche estaba oscura como la boca del lobo. Del fuego que había encendido para mitigar la intemperie no quedaba ni las ascuas. Olfateó el aire mirando al cielo. Cada vez que cerraba los ojos veía la Sibila y repasaba cada una de las instrucciones que salieron de aquella boca desdentada. La última se la dio escrita en un pergamino bajo la promesa de que solo la leería cuando los primeros rayos de luz arañaran la Colina del Este dónde habría de cumplirse su destino. Reconoce que cuando el Oráculo le confesó que la Sibila era su abuela y la única que le podía ayudar en su misión, había tenido la tentación de pensar que ella, en virtud de aquel parentesco, asumiría la responsabilidad. Pero cada uno cumple su destino… Se tocó el vientre pensando que pronto necesitaría encontrar un lugar tranquilo donde dar a luz a su hija. Karin volvió la cara hacia el este en la esperanza de ver el lugar donde había de confirmarse su misión. Llevaba muchos días esperando encontrarse con esa imagen al amanecer ¡y al fin lo vio!: la Colina la señalaba con el dedo mientras los primeros rayos rasgaban el velo que la escondía. Se enrolló el cobertor alrededor de la cintura, dio una patada a las brasas apagadas. Colocó la catana a la espalda. Sacó de la bolsa el mensaje de la vieja y lo leyó: “cuando consigas amar a Bugul estarás preparada. Entonces volverás aquí y ocuparas mi puesto, que te corresponde por derecho natural, y esperaras a tu nieta como lo he hecho yo contigo y la darás las llaves de las siete puertas y la clave de su existencia. Mi corazón es tu refugio, no lo olvides, como el tuyo será el de ella”.
© Cris Flantains

--------------------------------------------------------------------

 CORAZONES 

( Autora: YOLANDA NAVA)

Se pasa el día emborronando folios. El abuelo dice que la dejemos, que es un comienzo. Mamá la mira de reojo mientras finge leer. Dice que parece feliz y es lo que cuenta. Papá ni la mira, como antes.
Hoy es su cumpleaños y vinieron mis tíos; le preguntaron si sabía que día era y dijo que jueves, y aunque le chivé que diez de febrero, ella dijo siete de noviembre; tampoco supo decir cuantos años cumplía pese a tener enfrente las sesenta velas.
Siguió a lo suyo, garabateando. Dibujó un corazón verde con el nombre del abuelo dentro y él lloró con muchas lágrimas, tontas, las llamó, aunque a mí me parecieron lágrimas normales; después cogió el dibujo, lo dobló con cuidado, y lo guardó en el bolsillo de la camisa, muy cerca del corazón.

----------------------------------------------------------------------


MI ABUELO PEDRO.
 ( Autor: YIYI JIMENO)

La diferencia de mi abuelo y yo es que nos llevábamos unos 75 años más o menos. Yo con 5 años no recuerdo nada en particular de él.
Abuelo antiguo vividor de guerra, primos, unos 15, yo el pequeño. Que se puede esperar de un hombre de 80 años postrado en una silla, en una cama, un hombre que hizo de abuelos para otros, un abuelo, para mi… algo fugaz.
Pero si podre decir que aunque tuviéramos poco en común, tuvimos nuestra conexión, y la conexión llego al final.
X hora de la mañana, con 5 años no era de mirar el reloj, entra mi madre a la habitación dando la luz y sin que ella dijera nada la dije ¨SE HA MUERTO EL ABUELO¨ y si, acerté, no se si me alegro de haber acertado, posiblemente para el era lo mejor, pero para mi…. No se que decir, tenia 5 años.


-------------------------------------------------------------------

(Autora: FLOR MÉNDEZ VILLAGRÁ)

Aquella mañana encontré al abuelo en el parque. Al abuelo nunca le gustaron las demostraciones de afecto, nunca dio a sus nietos un abrazo o un beso. Yo, al principio, le tenía miedo, hasta que un día descubrí que era él quien nos dejaba caramelos sobre la mesita de noche; al verse sorprendido solo guiñó un ojo, llevó sus dedos a los labios y se fue con una media sonrisa. A partir de aquel día cada vez que me veía, despeinaba levemente mi cabello en un gesto rápido que yo entendía como cómplice.
Aquella mañana, en el parque, se me acercó y no me atreví a mirarle; Se dirigió a mi madre, levantó su cara y contempló unas lágrimas y el moratón que cubría su parte derecha. Sin decir palabra, nos cogió del brazo y nos acompañó a casa.
Abrió la puerta, le miró con toda la fiereza que pudo cargar en sus ojos y agarrándole de la solapa, dijo:
- Si la vuelves a tocar, cabrón, te mato.
Y mi vida cambió y la suya y la de la abuela, a la que tampoco él volvió a levantar la mano. 

----------------------------------------------------------------------

(Autor: MARI VI RODRIGUEZ GOMEZ)

 Entré en el taller, todo estaba en su sitio. El abuelo Ezequiel, había dejado sobre el banco, su último trabajo, una figura de Anubis, talla premonitoria de su muerte. Faltaban los últimos retoques, alisado, repelado, pulido y barnizado Un impulso me atrajo hacia la pequeña figura, comencé a rematar el trabajo del abuelo. Seguí todos sus consejos, los que me había transmitido, durante las vaciones de verano, viendo como trabajaban sus manos huesudas, deformadas por los años, de entrega a su gran pasión. El recuerdo de sus ágiles movimientos me guiaron hasta finalizar su obra. La puerta se abrió. Era María, entró exclamando - ¡Mama! - Quiero hacer un barco de madera.,

martes, 25 de julio de 2017

"EN EL POTRO" (Autora: MANUELA BODAS)



La acidez de estómago, estaba dándole la mañana. No podía evitarlo, era superior a sus fuerzas, pero no había más remedio. Había que hacer aquella visita anual sin más demora, llevaba medio año de retraso.
Que si este mes no puedo, que si para el que viene no tengo ni un día libre, que si, que no, que vamos, ponte ya las pilas y marca de una vez el número de teléfono. ¡Pide una cita ya demonios! Luego vendrá Paco con la rebaja por no haber hecho las cosas a su debido tiempo.
Inspiró profundamente tres veces, lo mismo que hacía en las clases de yoga, como es natural, también expiró otras tres, de lo contrario hubiera reventado, claro, que pensando en el día D, pues… ¡Bueno amiga que es para hoy! Se dijo, alentándose y dándose fuerzas.
Al fin marcó el número. – De acuerdo, el próximo 25 de agosto. Apuntó en su agenda el día D. Suspiró. Bueno, de aquí al 25 de agosto.
Y casi sin darse cuenta, allí estaba, en el potro de tortura, desnuda de la cintura para abajo, con las piernas abiertas, agarrada a la camilla como si sus manos fueran raíces. Entonces, mirando para el techo, descubrió a un Adonis musculado que la miraba algo lascivo, dispuesto a lamerle el miedo y algo más.
Sus hercúleos brazos acariciaban su sexo y le fue entrando un dulce hormigueo que se extendía desde las uñas de los pies, hasta el último pelo de su cabellera. Aquel Adonis, fue sacando de ella mucha sexualidad contenida.
- ¡Bien, esto está de maravilla! La voz de la ginecóloga vino a sustituir a Adonis. Bajó del potro con rilera de piernas.
- ¡Vaya idea, la del cartel en el techo! Es usted una lince.

- No es la primera que me lo dice.

lunes, 17 de julio de 2017

"TRAZOS DE AMOR" (Autora: MACAMEN DE VEGA)


(Esta fué la original propuesta para la sección "Poniendo historias" lanzada por el escritor P.J.CHELMICK y el relato "trazos de amor" el elegido por él para representarla)

Conoció a Isabel en el sur, cuando ambos coincidieron como temporeros en la campaña de recolección de aceitunas. Lanzarse a su conquista no le había resultado fácil, pues era tan atractiva y encantadora que la mayoría de los hombres del campamento intentaban ganarse sus favores. Pero, acostumbrada a que coquetearan con ella, Isabel mostraba escaso interés por casi todos ellos. Manuel no sabía escribir, pero un antiguo compañero de trabajo le había enseñado a trazar todas las letras, así que se le ocurrió que si lograba dibujar con ellas todos los pensamientos y sentimientos bonitos que Isabel le inspiraba ella sería capaz de leer las palabras que quería transmitirle. Así comenzó a escribirle un poema cada noche que le daba discretamente a la mañana siguiente durante el desayuno. Isabel no sabía leer y la primera vez que Manuel se la acercó con un papel diciéndole «te he escrito un poema» no fue capaz de decírselo por miedo a alejarle. Se había fijado en él desde que lo vio el primer día. Era diferente a los demás, discreto, educado, suave en las formas y atractivo, tremendamente atractivo. A diferencia de los otros muchachos no había intentado propasarse con ella, ni la había acorralado o acosado en ningún momento. Por eso, al recibir el primer poema le había dado un vuelco el corazón al saber que él también se había fijado en ella. Por eso lo aceptó con su mejor sonrisa sin confesar su ignorancia. Desde entonces cada día al despertar Manuel se acercaba con un nuevo poema convencido de que Isabel era capaz de leer en ellos todo el amor que sentía por ella, pues cada vez era más tierna y cariñosa.
Pasaron los meses y al terminar la temporada de recolección Isabel y Manuel se casaron antes de abandonar el pueblo en busca de un nuevo trabajo, esta vez en pareja.
Se asentaron en un caserío cercano donde los dueños les dieron trabajo como guardeses y mozos para cualquier tarea. Cada noche, sin faltar una, Manuel dibujaba con letras un poema de amor para Isabel, que emocionada descubría el sentimiento en cada trazo del mismo. Se amaban profundamente y eran muy felices, hasta que unos meses después Isabel se quedó embarazada.
El parto les sorprendió en medio del bosque cuando regresaban a su hogar tras haber sido expulsados del caserío antes de que el embarazo llegara a término para no tener la carga de un bebé que les quitara tiempo y mermara su capacidad de trabajo. El parto fue muy costoso. Isabel murió nada más nacer su hijo. Destrozado por la pena y totalmente abrumado Manuel se sentía incapaz de criar al bebé sin ayuda. Tomando una difícil decisión ató al cuerpo del pequeño los poemas que había escrito a su madre para arroparlo con todo lo bueno que había en su vida, lo envolvió en una camisa y lo abandonó en un cubo de basura del primer pueblo que encontró en su camino con la esperanza de que alguien bueno lo encontrara. Escondido esperó hasta que así fue y se marchó derrotado pero con cierta sensación de paz tras ver la cara de felicidad de aquella mujer con su recién nacido en los brazos.
María podía haber tirado la basura como todos los días, con el gesto mecánico de levantar la tapa del cubo y vaciar su caldero sin más, pero no fue así. Esa noche el azar, el destino, la providencia o como cada uno quiera llamarlo quiso que tirar la basura fuera un acto plenamente consciente de su mente. Por eso aquel bulto envuelto en tela llamó su atención nada más levantar la tapa, haciéndole pensar que no se trataba de una basura habitual. El leve movimiento de la tela la hizo temer que hubiera una rata o cualquier otra alimaña bajo la misma, por eso buscó un palo que pusiera distancia entre aquello y su mano y con su ayuda levantó la tela con sumo cuidado. Su cara se iluminó al descubrir un bebé acurrucado, completamente desnudo, con un fajo de papeles atados a su cuerpecito a modo de envoltura. El pequeño abría y cerraba las manitas como intentado tocar a alguien.
Fue fácil quedarse con el bebé. En un pueblo tan pequeño, perdido en la montaña, donde todos se conocían y nadie sabía a quién podía pertenecer la criatura fue casi un alivio que María y su marido se hicieran cargo del pequeño. Así pues lo arroparon con su pobreza y todo el amor que tenían guardado, pues en once años de matrimonio no habían logrado tener hijos. El niño creció feliz, ayudando con los animales y el huerto que les servían de sustento y jugando y acudiendo a la escuela con los demás muchachos del pueblo. Sus padres nunca le ocultaron su procedencia, pero María, que al igual que su marido no sabía leer, fingía delante del pequeño mirando los papeles que le arropaban cuando lo encontró e inventaba para él cada noche bonitas historias que hablaban de cuánto se querían sus padres, de cómo deseaban su llegada, del maravilloso barco que les llevaba por todo el mundo para comprar y vender sedas, especias, joyas, libros, cerámicas, perfumes, de todas las cosas que iba a aprender viajando con ellos... Fue así como María, sin saberlo, logró que el amor dibujado en letras por Manuel para Isabel llegara también hasta su hijo.
El niño creció y se convirtió en un hombre preparado e inquieto que, alimentado por el amor de sus padres y por su deseo de darle cosas buenas no había parado de estudiar para conocer ese maravilloso mundo del que hablaban los papeles que recibió como herencia. En una de sus visitas entre viaje y viaje, de regreso a casa para ver a sus padres encontró por casualidad una arqueta que María guardaba en una alacena de la cocina. Al destaparla reconoció al instante los papeles que no veía desde niño. Emocionado intentó leerlos para recordar todas las historias que María le había contado montones de veces, y fue entonces cuando comprendió la verdadera magnitud del amor con el que había sido criado...

Y así fue como Manuel, sin saber escribir, logró que su hijo sintiera el amor más grande que una persona puede llegar a sentir, el de una madre.

lunes, 26 de junio de 2017

"CUARTO MENGUANTE" (Autor: P.J. CHELMICK)


                                                  


            ¿Cómo regresar a esa inquietud de las mareas cuando la luna cosquillea al atardecer las olas de su piel?

            Sabía, por lo que los cuentos me narraban, por lo que las leyendas me descubrían, por lo que los viejos temían, y los poetas escribían, que ella guardaba todos los sueños, todos los miedos, todos los aullidos, todos los desamores, todos los insomnios, y yo quería ser parte de su misterio.

            ¿Cómo alcanzar aquel vergel de nada donde todo lo imaginado habitaba?

            Escribí compulsivamente los más variopintos cuentos, los arrojaba en una hoguera, en la esperanza de que sus cenizas alcanzaran su luz.
            Narré, a quienes nada tenían que escucharme, enigmáticas leyendas de seres lunáticos que visitaban mi alcoba, para que ellos fueran mis intérpretes en su huida.
            Subí a los cerros donde clamaba el rumor de los cencerros, allí aullé, aullé hasta darme miedo al reconocerme en mi voz; tan lejos, tan insuficiente para que ella me escuchara.
            Y declamé, declamé versos, y más versos, y soñé despierta hasta verla desaparecer cada amanecer, desposeída de su túnica de sol.

            Me ignoró, como se ignoran los cuentos que no se creen, como se ignoran las promesas sin piel, como se ignoran las pesadillas al despertar, como si ignoran los deseos de una moneda perdida en Trevi.

            Me negué a no ser luz, a no ser el deseo de los verbos ser, amar y estar, me negué a ser un cuento sin final, a ser una marioneta de cristal.

            Me hice pequeña, muy pequeña, hasta ser engullida por el vientre de mi tierra,
hasta ser una pepita de mis vacilaciones, descomponerme en sus entrañas hasta que la lluvia pudriera mis sueños, ser vapor, y conquistados todos los castillos amurallados de vació en las nubes, alcanzar aquella luna de nadie.

            La lluvia me hice crecer, crecer, crecer, abandonar mis zapatos mágicos donde encerraba los secretos, recortar los tirabuzones que a las noches me roían los ratones de mis cuentos, humedecer la mirada en la verdad de las leyendas escondidas en mis prendas, temblar ante los aullidos de los lobos que se escondían en las esquinas.

            Fue cuando ella me preguntó: - ¿Ya no quieres ser mía?

            Trepé con mis raíces entre las montañas que las antiguas cenizas fueron creando a mis pies hasta alcanzar la última cornisa del acantilado donde morían todas las mareas, inquietas, y me senté, con mis pies colgando en el vacío, y le di patadas a los vientos, a los sueños, a los miedos, a los versos y a los poetas, porque allí estaba ella, aquella luna rosa, llena de junio.

Se sentó a mi lado, en aquel trozo de acantilado, me entregó un atillo hecho con trapos viejos, cargado de versos, de sueños, de miedos y de cuentos.

-          Cuéntame, dijo.


Miré contra la marea, inquieta, me volví a ser pequeña.

jueves, 15 de junio de 2017

Tema: ROBOTS (9 historias)



HISTORIA 1
PERFECTO (Autor: TOMAS ANGEL)

Era previsible. Creo que empezó cuando las parejas sustituimos hijos por mascotas anhelando seres más agradecidos y más dóciles. Y lo mejor de todo, recuperando el papel protagonista en el centro de nuestras vidas.
Más adelante, cuando la Industria puso en el mercado su versión robótica de perros, gatos e híbridos, el éxito fue arrollador. A las ventajas anteriores se sumó la limpieza, ahorro en veterinario y terminar con los paseos a horas intempestivas.
Ahora que en nuestra mano teníamos el control, el siguiente paso no se hizo esperar: hijos robóticos. Con el lema "nunca crecen y siempre obedecen" de nuevo triunfaron los comercios.
Sólo faltaba para completar nuestra dicha unos compañeros de viaje fáciles de entender, previsibles y receptivos. Por eso legalizamos el matrimonio con droides. Siempre cariñosos, fieles y eternamente jóvenes y bellos.
Soy el último humano biológico sobre La Tierra. Mi exoesqueleto no podrá alargarme la vida por mucho más tiempo. Pero no temo: ya está lista mi réplica para acoger mis recuerdos y mi personalidad. Fuera de ella quedarán mis inaceptables defectos.
No volveré a olvidar nuestro aniversario, siempre estaré de buen humor, no tendré prisa en el supermercado. Y... ¡por fin! ordenaré el trastero.

HISTORIA 2
MISION ABORTADA ( Autora: MACAMEN DE VEGA)

Amaya se moría. Tras ocho meses de lucha contra aquella enfermedad que devoraba su cuerpo estaba agotada. Tenía miedo. Mucho miedo. Los dolores se habían hecho insoportables y cada día era un poco peor. Aquella tarde había ido a casa de sus padres. Ya no podía conducir, así que Tay, el robot de ayuda personal que la habían asignado al caer enferma, la había llevado. A ella nunca le habían convencido esos androides, pero ahora reconocía que, con él, la vida los últimos meses había sido más agradable y a veces se sorprendía a si misma sintiendo cierto cariño por aquel amasijo ordenado de cables, chips y metales.
- Me preocupa Tay, estos últimos días le siento raro - había dicho a sus padres hacía unos minutos.
- Pues que no te preocupe, Amaya, es solo un robot cumpliendo una misión para la que ha sido programado.
Las palabras resonaban aún en la cabeza de su madre cuando atónita contempló desde la puerta, tras despedir a su hija, como Tay se abalanzaba con el coche a toda velocidad sobre ella dejándola muerta en el acto.
La voz metálica sonó clara por encima: - Misión abortada. Fin del sufrimiento.

HISTORIA 3
 (Autora: MARIA JOSE MONTERO NUÑEZ)

- Al paso que vamos nos acabarán sustituyendo por robots: Máquinas obedientes y eficaces para la cadena productiva. Amasijos de hierro programados para trabajar sin protestar. Androides sin sentimientos ni cargas familiares. Y, os aseguro que llegaremos a verlo y sufriremos en nuestras propias carnes las consecuencias de esta nueva era que ya está en camino. 
Quien así hablaba era un obrero , aprovechando los escasos quince minutos que la empresa le concedía para comer un simple bocadillo.
Sus compañeros escuchaban sin oír , hastiados de sufrir cada día las quejas del mismo personaje, ese que enmudecía sistemáticamente en las Asambleas y era todo un revolucionario en los lugares donde nada se solucionaba.
El anti- robots era el primero en decir sí cuando el jefe pedía voluntarios para hacer unas horas extraordinarias. En cuanto había ocasión de ganar unos euros de más la palabra , humano, desaparecía de su vocabulario.
Si alguien le recriminaba su acción, explicándole que estaba impidiendo que algún compañero en paro no fuera contratado por su avaricia, se daba la vuelta y hacía oídos sordos.
Su vida la tenía programada al milímetro: Se levantaba a las seis de la mañana, se aseaba, desayunaba mientras su mujer le preparaba la mochila con el correspondiente bocadillo y la botella de vino. ¡ Lo del vino era sagrado! Salía de casa, cogia el coche y: Directo al trabajo.
Siempre era el primero en llegar, media hora de antelación como mínimo. El primero en ticar, el primero en empezar la tarea.
Curiosamente, siempre salía el último.
- El jefe me tiene muy bien visto. Solía decirle a su mujer y a su hija.
El fin de semana lo dedicaba a la caza y a la pesca : Sus " deportes " favoritos.
Nunca entendió por qué terminó sus días solo. Que su mujer y su hija se fuesen de casa fue para él un insulto imperdonable. " Unas desagradecidas " - repetía una y otra vez - " Nunca les faltó de nada "
Murió sin darse cuenta, aquel anti- robots, que toda su existencia se había limitado a ser un áspero robot de carne y hueso.

HISTORIA 4
 (Autora: MARIA JOSE MONTERO NUÑEZ)

LA AGENCIA DE SEGURIDAD DEL ESTADO INFORMA :
Se comunica al Pueblo Llano que, por defecto de forma, ha salido a la calle una partida de seres defectuosos, tienen la misma aparecía que los humanos, pero carecen de sentimientos.
Los pueden reconocer por su falta de sensibilidad y su absoluto automatismo.
Se ordena la colaboración de todas las personas de bien.
Fdo : El comandante en jefe.

HISTORIA 5
 ( Autora: FLOR MÉNDEZ VILLAGRÁ)

- Dicen que en algún lugar existen seres que mueren; que antes de que eso ocurra, pueden procrear otros seres a los que legan su saber; que entre ellos, se pueden crear vínculos tan fuertes que, a veces, perduran más allá del propio tiempo.
- ¿Quién dice eso?
- Un libro
- ¿y eso qué es?
Estaba claro, E38, no era uno de ellos. E38 estaba programado para denunciar y denunció. Los “oscuros” descubrieron la manipulación en uno de los genes utilizado en la creación de M24, este provocaba un irresistible deseo de saber y transmitir lo aprendido, cosa inadmisible para el departamento de memorias manipuladas. Decidieron eliminarlo y quemar sus libros.
Dicen que fue aquella noche, en la cámara de genes, cuando alguien lo intentó de nuevo y creó a P21.
Hoy, yo, sigo contando cuentos

HISTORIA 6
 (Autor: JUAN CARLOS GARCIA CRESPO)

Papá, que es poco romántico para estas cosas, le ha regalado a mamá para su aniversario un robot de cocina. Una oferta del mediomar que no pudo rechazar. Uno de estos que hacen de todo, que además de cocinar, limpian, planchan y cambian la tele de canal. Tan moderno que apenas te das cuenta de que está en casa, tan integrado en la familia como lo están Toby y Rufo, mis dos perros. Sólo tieneeee uuuun deeefeeeectooooo, haaaayyyy quuueee caaaaam biiiaaaarrr laaaa baaaateeee riiiiaaaa caaaa daaa poooo cooo. Uuuun aaaa gaaan gaaa quuuee...

HISTORIA 7
( Autora: GEMA GUTIERREZ MORAN)

Un día de lluvia y frío. Nos encontramos en el año 2147 d.c . Hemos perdido las estaciones y el mes en el que estamos ya no importa. Cientos de preguntas invaden mi mente , Él siempre está ahí, más en estos días en los que a mi parecer se preocupa por la comodidad de mi persona. Ayer le sorprendí mirando al horizonte, su rostro frío como el acero contrastaba con el gesto de preocupación. ¿ Quizá por la tormenta de hoy? . Se que esto no es posible pero me gustaría creerlo . Todos los días me sorprende al despertarme, parece que me conoce , se que me estudia y me comprende, o sólo es una ilusión más? . Me acaricia el pelo si ayer fue un mal día y me susurra si fue ajetreado. Me encantaría pensar que puede sentir aunque esto se que es imposible. Dejo de llover y sigo preguntándome que les ha ocurrido a los humanos...

HISTORIA 7
EL EXTRAÑO MUNDO DE LOS ROBOTS CON SENTIMIENTOS 
( Autora: Alejandra Vaca Loor)

Proveniente de la basura espacial y de los fenómenos desconocidos del espacio exterior surge un extraño planeta donde dicha chatarra deja de ser un objeto artificial para cobrar vida. Sus habitantes son seres con diferencias en cuanto a formas, tamaños y lenguajes de programación, aun así a pesar de esto, ellos se aceptaron y construyeron un mundo donde su premisa fundamental fuera ayudarse los unos a los otros sin que ninguno quede excluido por su alta o baja funcionalidad, donde en vez de tirarse a la basura se busca un medio de reparar lo estropeado, un mundo donde olviden que un día fueron creados simplemente para ser utilizados, para complacer y facilitar el día a día de sus creadores, pero sobre todo para perdonar el hecho de que cuando ya dejaban de cumplir con sus objetivos o se quedaban obsoletos eran arrojados, sin pensar que estos, con su mecanismo artificial, un día iban a volverse seres con más valores y sentimientos, seres sin rencores, ni orgullos, ni ambiciones que nublasen su visión de que están ahí para cumplir una misión útil entre ellos y ayudarse a sobrevivir, que es el legado más preciado que solo poseen: LA VIDA.

HISTORIA 9
MAK ( Autor: Marcelo Oscar Barrientos Tettamanti)

Mak estaba agonizando sentado en la cocina pasando una y otra vez su dedo por la mesa de madera, llevaba así las últimas 48Hrs.
No podía hacer nada por ayudarle, pero estaba tranquilo porque sabía que no estaba sufriendo.
Por mi cabeza desfilaban todos los cuidados que él me brindó, intente de todas las maneras posibles alargar su vida, pero no pude, el estado asigna a los huérfanos, y somos muchos, un “mapa-dre” con una batería sellada, y la de Mak se estaba agotando.
Durante estos años él me enseño todo lo que debía saber, en cuanto muera trabajaré para el estado en una fábrica, sé todo lo que tengo que hacer para devolver al estado este tiempo en el que Mak me ha cuidado en su nombre.
Es mi deber, eso me decía cada día Mak, aunque desde que su batería se fue agotando he notado que no se separaba de mí cuando dormía como lo hacía siempre, lo notaba allí junto a mí. Me produce sensaciones que no comprendo. Allí esta sentado, con su dedo de metal talló la mesa, una y otra vez escribía: Sé libre. 



cuentocuentoscontigo@gmail.com

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *