Anoche bebimos ¿verdad ?, que manía de ocultar las manías, que absurdo tapar los cristales con cortinas para que la luz no traspase el umbral de la sordidez. Anoche bebimos, ¿cierto ? y hablamos y dijimos tantas palabras sueltas que atándolas todas en hilera da como resultado un cuento irrepetible de confidencias-escombro.Observé mi mano huesuda extenderse hacia tu espalda, parecía independiente de mi cuerpo, volaba sola, dirigiéndose aplicada hacia el altar que conforman tus hombros. Anoche bebimos, ¿puede ser? y el blanco de tus ojos no se alteró, permaneció paciente, luminoso y triste, detuviste mi mano trepadora en el aire, no dejaste que tocase el hoyuelo de tu barbilla pero si permitiste a nuestros dedos engarzarse y es tan importante el gesto ¡¡¡¡. Anoche bebimos, ¿si? y nos suplicamos un reconocimiento, un placebo apátrida, ausente y recóndito como una concha-galápago sepultada en la arena.
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jueves, 10 de septiembre de 2015
lunes, 27 de julio de 2015
Dos relatos de NURIA VIUDA GARCIA ("ENJUNDIAS" y "PER SEMPITERNU")
Título: ENJUNDIAS
Con los
ojos cerrados. Podía permanecer así en aquellas mañanas de abril, yo la
contemplaba desde el marco de la puerta sin atreverme siquiera a realizar un
gesto con la mano, a ella sin embargo no le importaba cantar en voz alta
delante de mi, mientras cerraba sus ojos durante horas, haciéndose la sonámbula, manoteando al aire sus enjundias imaginarias. Me acostumbré a sus tremendas
causas perdidas y le llevaba zumos de naranja a la mesita de noche, hasta que
yo mismo terminaba por bebérmelos de un sorbo inútil, asumiendo que las
vitaminas se habían volatilizado en la espera. No fueron aquellas dulces e
inacabables mañanas, si no la dejadez de ánimo lo que lo ensombrecía todo y lo
convertía al tiempo en algo decadente y misterioso, no sin cierto encanto
indescifrable. Con los ojos cerrados, ella palpaba los lóbulos de sus orejas
buscando en ellos sus pendientes, yo, me acercaba despacio con unos pequeños
aros de plata en las palmas de mis manos, y en ese momento se producía el milagro, la mujer, como un cachorro recién nacido, olfateaba y reconocía el olor de la
plata, y con sus dedos ágiles e intactos, como de niña acostumbrada a tejer, conseguía a ciegas y mecánicamente, insertar la tuerca en el zarcillo con
magistral acierto. En esos instantes, yo siempre imaginaba que la foto de mi
vida era precisamente esa, la que nunca me atrevería a tomar, la fotografía de
un acto de coquetería secreto e indescifrable. No logro recordar cuanto tiempo
se prolongó esa situación, que me enervaba día a día, un año, tal vez dos, hace
mucho tiempo ya de todo aquello, sin embargo tatuó mi vida y hasta lo echo de
menos, debo padecer uno de esos horribles síndromes modernos, Estocolmo le
dicen ‘’?.Estocolmo ,martirio, Berlín, tormento ,que más da …Sin explicación
posible aquellos días ligeros de abril, resultan gratos a mi memoria, hubo paz
y derrotas y ella acomodaba su cuerpo entre el edredón y la sábana, de un modo
que me producía un vértigo sagrado e infinito, que lograba calmar mi angustia. Era elegante y descuidada al mismo tiempo y podía permanecer durante horas en
la misma posición, dándome las gracias por hacerle una visita, llamándome por
otros nombres.
Título: PER SEMPITERNU
Este relato fué presentado por NURIA VIUDA GARCÍA, para el dibujo de Nuria Antón en la sección "poniendo historias" de CUENTO CUENTOS CONTIGO (julio 2.015)
Emerger y
sumergirse en constante enlace de sombras ondulantes como las aguas a las que
te aferras sintiéndote náufrago ávido de vaivenes imprescindibles. Las rocas
perpetúan las especies que viven adheridas a sus aristas. Verdor de algas enredadas
en tus cabellos salpicados de vida y arena. Caleidoscopio donde giran tus
palabras de colores especiales. Juguemos a esquivar las olas, ondulación verde, espuma, azul. Estámpate en mi espalda creando un tatuaje perfecto y salino que permanezca disecado por el sol en lontananza .Per SEMPITERNU .
domingo, 21 de junio de 2015
RELATOS PRESENTADOS PARA LA FOTO DE MAR MIRANTES
Foto: MAR MIRANTES
AMADA LUNA
(Autor: NACHO ALLER)
Durante
todos aquellos años, había repetido una y otra vez la misma rutina los días de
luna llena… sistemáticamente se levantaba de la cama al apagarse las luces y se
sentaba a un lado de la ventana a mirarla hasta el amanecer.
Aquella
noche todo parecía tranquilo, hasta que un ruido de sirenas de ambulancia le
sacó de su estado casi letárgico. Miró a traves de la ventana y observó
fijamente la escena. De la ambulancia y fuertemente custodiado, abrazado por
una impoluta camisa de fuerza, un hombre corpulento intentaba resistirse a los
enfermeros… todo en vano, pues eran profesionales que cumplían hasta más allá
de su obligación con celo encomiable.
A
empellones e incluso algún porrazo llevaron dentro del pabellón psiquiátrico a
aquel furioso infeliz. Al desaparecer todos en el interior se fijó en algo que
brillaba desde el suelo… su amiga luna le mandaba un reflejo hipnótico de aquel
manojo de llaves que en el forcejeo se le había caido a uno de los enfermeros …
las llaves de la entrada principal.
Como
activado por un resorte propulsor extraño y ya olvidado, salió de la
habitación, dando mentalmente las gracias a los celadores del turno de tarde,
que se habían olvidado de él por completo en su ronda para cerrar las puertas
de las habitaciones… ayyy… el destino… Caminó hasta la puerta de emergencias de
incendios y escalón a escalón bajó silenciosamente las escaleras hasta la
planta baja… con sumo cuidado observó a ambos lados del pasillo… nadie… se ve
que todo el turno de noche se estaba empleando a fondo con el nuevo interno.
Tranquila,
silenciosamente enfiló el corredor hasta llegar a la puerta de salida… recogió
las llaves del suelo y cerró la puerta principal con una de ellas…. arrojó al
jardín el manojo de llaves y se perdió calle abajo.
Una
sonrisa de felicidad relucía en su cara iluminada por su amada luna. La luna,
su amada luna… hoy se reunirían sin las frías rejas de por medio… hoy podrían
contarse sus cosas… hoy, después de mucho tiempo… era feliz.
La
prensa de la mañana destacaba en la sección de sucesos la extraña aparición de
un cadáver vestido con el pijama del centro psiquiátrico que, debajo de un
árbol del parque, tumbado boca arriba con los brazos dulcemente cruzados sobre
el pecho y con una sonrisa de satisfacción en su cara, había sido encontrado
por los jardineros municipales.
En
espera de la autopsia, todo parecía una hipotermia en toda regla… Se observó
también un número indeterminado de círculos perfectos, de una extraña materia
blanca, que se encontraban esparcidos a su alrededor. Uno de los jardineros
indicó que semejaban lunas llenas…
COSAS INERTES
(Autora: NURIA ANTÓN)
Vivo rodeada de objetos inertes, muertos… útiles o
inútiles. ¿Para qué quiero un ordenador si puedo dibujarlo todo en mi mente’?
Lo puedo dibujar con mis dedos en la arena, o en el agua con piedras. Porque al
fin y al cabo la materia y las ideas son volubles, como el tiempo y el tiempo
es infinito… al menos mientras queden sueños.
Y hoy sueño con esa luna llena que iluminaba el viejo olmo
que coronaba la colina. De niña subía corriendo hasta allí por la mera
satisfacción de ver mi casa desde lo más alto. Eso me hacía sentir grande y
poderosa. Trepaba hasta una rama y permanecía allí horas mirando… mirando la nada.
¡La nada!, eso creía yo… pero aquel jueves, si, era jueves. Era más tarde de lo
habitual. La luna ya estaba en lo más alto y el sol acariciaba mi preciosa loma
con sus últimos rayos. Había algo extraño en aquel horizonte que había visto
tantas y tantas veces mientras me dirigía a lo alto de aquel lugar. La luna y
el árbol dibujaban un extraño arco por el cual se filtraba la luz. Parecía un
camino, un sendero. No lo dudé. Seguí caminando, y, esta vez, por primera vez,
no trepé al árbol. Cuando me quise dar cuenta había perdido de vista mi casa,
mi árbol, la colina…Ya sólo la luna me resultaba familiar, y alumbraba algo a
la orilla de del lago. Era el cofre de los sueños; ese que nunca abro para que
no se escapen pero que duerme siempre a mi lado.
EL ARBOL Y LA LUNA
Autor: MARCELO OSCAR BARRIENTO TETTAMANTI
Desde brote supe lo que quería.
Crecí durante cada día de calor esperando
la noche para verte. Como un premio de plata a mis esfuerzos, llegabas desde el
horizonte. Mi amada luna.
Cuántos inviernos te he soñado, y al
sentir el despertar en primavera, convertí cada rama verde en leña.
No cejé en mi empeño de tocarte, ni
cuando aquel rayo funesto cortó mi brazo, ese que más se te acercaba.
Creo qORESue te amo desde semilla, porque tú,
luna mía, fuiste lo último que vi antes de hundirme en la tierra y lo que me
dio la fuerza para sacar mis verdes brazos que siempre han sido tuyos.
Cada mes de agosto marcas en mi tronco un
nuevo anillo y renuevas la fuerza en mis raíces.
Tú sabes de mi amor, no me lo niegues.
Te vi después de la lluvia acurrucarte
entre mis ramas reflejada en aquella charca.
Verde, plata, leña y distancia. Eso
somos, mi luna.
Esta tarde dejarán de estar prietos los
capullos, y cuando por la noche seas tú
la reina llena, te llenaré de flores como cada primavera.
RELENTE
Autor: ALEJANDRO ALLER
A veces bajo al valle en estos primeros días de primavera, cuando
empieza a esconderse el sol, en el momento en que los cánticos de las aves van
acallándose y la sombra de la montaña va cayendo espectral sobre las copas de
los árboles.
Una niebla ligera va envolviendo
el bosque a medida que avanzo, donde ya comienzan su concierto los grillos,
percibiendo los sonidos que atesora el silencio envolviéndolo todo en luz
cenital.
Esa atmósfera me hace recordar
antiguas leyendas de niños perdidos, animas en pena, viejos cuentos de hadas,
elfos, duendes, lobos feroces, conejos con prisa...
Cuando se escucha el eco seco del
ladrido de un perro a lo lejos, o el ulular de algún ave nocturna, que me
estremece por un momento
Busco con la mirada la claridad
del cielo, donde un viejo árbol anclado , abre sus ramas como pidiendo un
abrazo a la luna llena, que hoy viste con el velo de tul de la bruma , se la ve
mas bella.
Y pido un deseo a la luciérnaga ,
por si pudiera ser el hada madrina de mi cuento.
HUMO, NOCHE Y CENIZA
Autores: NURIA VIUDA
MARCELO OSCAR BARRIENTO TETTAMANTI
Humo ,noche ,ceniza y plata del mar de los misterios donde
todo se quiebra .En esta noche que resbala en laderas opacas que inventaron los
hombres ,ignorando que tu creces y menguas ,y te expandes y te escondes
,proyectando como tierra resquebrajada la sombra de mis ramas ,lleva mi corteza
donde anida mi corazón .Quizás cuando arda mi madera pueda llegar a tocarte
,soberbia emperatriz nocturna ,lejana ,inalterable .Que ha de permanecer así
perpetua cuando todo y todos hayamos sucumbido a un destino evidente .Hasta
entonces ,estamos dentro del círculo ,del misterio de madera y plata .Será tuya
la semilla como fueron las flores de todas mis primaveras ,de todas las
primaveras que ya no serán jamás ,enviaré señales de humo ,señales de espera
,señales de mi .Rama quebradiza que te anhela.
jueves, 7 de mayo de 2015
PUERTAS
(Relato de Nuria Viuda García)
Me asomé para comprobar si la
marea estaba alta y pude comprobar que la playa había desaparecido, todo ya era
agua. Desde el balcón divisé como aumentaba el oleaje, y con la intuición que
da el miedo cerré la puerta del balcón de golpe, apresuradamente y echando el
pestillo, en segundos, la gran ola arenosa había traspasado los cristales del
balcón como si fuesen papel de fumar, yo no podía creerlo, la fuerza
incontenible del agua me trasladó hasta el pasillo y hasta que logré ponerme en
pie, transcurrió un lustro en mi cabeza ralentizada por el pánico .Cuando
terminé de achicar el agua de la habitación ,me dispuse a contar las copas de
un armarito que solo utilizábamos en las ocasiones especiales, tanto si estas
eran festivas o trágicas, (en la familia también acostumbrábamos a beber unidos
en la tragedia). Una reacción extraña por otra parte la mía, ya que después de
semejante e imprevisible inundación parecía que mi cabeza solo relacionaba esta
con la bebida y las copas de cristal. En la penumbra, al abrir la portezuela
del aparador, atisbé entonces un ser extraño, era rojo, dorado y negro, sus
ojillos sorprendidos punzaron los míos por un instante y cerré la portezuela de
golpe, asustado. Con tiento y curiosidad a los pocos minutos giré de nuevo el
pomo, el animalito se había posicionado en otro estante que le acercaba más a
la libertad, como en ese juego infantil del escondite inglés, ``sin mover las
manos ni los pies ´´, en el que uno va avanzando cuando el contrario no mira.
Con extrañeza me di perfecta cuenta de que se trataba de un caballito de mar,
arrastrado hasta allí por la gran ola que todo lo invadió. Un caballito de mar
al que le habían crecido las extremidades, transformándolo en caballito de
tierra. Entorné esta vez la puerta, aturdido, preguntándome a mi mismo si es
que acaso estoy perdiendo la razón .N.V.
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