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lunes, 12 de noviembre de 2018

"PONIENDO HISTORIAS" (FOTO DE ALEJANDRO ALLER)


Fotografía propuesta por su autor: ALEJANDRO NEMONIO ALLER, para la sección "PONIENDO HISTORIAS" de Cuento cuentos contigo.
(Se escribe un relato inspirado en la propuesta y el autor elige aquel que personalmente mas le ha gustado).

En esta ocasión son 10 los relatos presentados:

- "Debajo de las hojas"
 (Manuela Bodas)
- "Cuando no hay sol" 
(Mari Sol Valladares)
- "Flor de invernadero" 
(Laly DBT)
- "Cuentocuentos"  
(Armando Gutierrez Domínguez)
- "La vida en F/2.8" 
(Flor Méndez Villagrá)
- "La Flor de la Vida" 
(Noemí Montañes)
- "El Geranio Blanco" 
(Marcos Castro Morán)
- "La Vidente" 
(Jesús López)
- "Ensueño de Luna"
  (Luis Fernando Gonzalez)
- Geranio Blanco
(Marta Redondo)

de cuya lectura pueden disfrutar a continuación:




DEBAJO DE LAS HOJAS
Relato seleccionado por el autor, para representar su fotografía
(Autora: MANUELA BODAS)

-¡Oh, que blandita! Era nuestra primera vez. Era la primera vez que aterrizábamos en el planeta Mano.
Nosotros vivíamos debajo de las hojas. Teníamos un halo de demarcación que nos protegía de los peligros externos. Éramos un micromundo en el que todo era perfecto. ¿Todo era perfecto? Si, todo era perfecto. Allí dentro teníamos la temperatura ideal para vivir, las hojas nos ofrecían su verde extensión y las habitábamos encantadas.
Nos ofrecían su verde extensión, a cambio de que cantásemos nuestras nanas para que las hojas, pudieran sustentar sus flores.
¡Ah, que no lo entiendes! Si te tomas un tiempito, te lo explico. Primero, ahí va una de las nanas de las que les dedicábamos a las flores para que se mantuvieran siempre su frescura.

Cantamos para ti un canto,
un canto de calma y beso.
que arrulla a tus tiernos  pétalos,
y a tus fibras blancas de nieve.
Cantamos un canto albo.
Ea mi pétalo ea,
duérmete en esta palma
de piel y de estancia,
donde tus flores son almas
y tus hojas un corazón sin espinas.
Ea mi pétalo ea,
duerme tu sueño de calma y beso.

Esta nana repetida, tiene su aquel, es decir, logra la eterna juventud para las hojas y las flores que viven en la bola de cristal que sujeta el planeta Mano y nosotros, los que habitamos tras las hojas, a su vez, también logramos mantenernos siempre igual.
Llegados a estas alturas de la narración, te preguntarás:
-¿Pero quién demonios sois los que habitáis detrás de las hojas?
- ¡Ya estabas tardando! Pues bien, nosotros somos esos seres invisibles, que tenemos la misión de cuidar el bien. ¡Ah! ¿Qué no te lo crees? Ante eso nada podemos hacer. Solamente decirte y atrevernos a recomendarte que mires fijamente esta foto que nos ha dedicado Alejandro, no se nos ve, pero si te paras un ratín a contemplar la fotografía, notarás la viveza del verde, la gran profundidad del blanco de las flores a las que arrullamos eternamente. Y el planeta que nos sostiene, el planeta Mano, tiene más de mil años. ¡Por supuesto, no das crédito!  Parece que tiene la piel de un niño ¿verdad?
-¿Hace otra nana? Pues ahí va, verás como después de entonarla con nosotros comprendes mejor quien somos. Pero ahora imagina que la nana va dedicada a ti. Solamente la entonamos para ti:

Cantamos para ti un canto,
un canto de calma y beso.
Ea buen humano ea,
tu que eres tan frágil como un soplo
y tan efímero como un segundo,
tendrás vuelo y calma
si dejas a tu corazón, que respire
la luz de las cosas pequeñas.
Ea buen humano ea,
deja que entre  la risa
en tu casa de barro.
Deja que el sol se pose
en el vuelo de tu angustia.
Ea buen humano ea,
déjate inundar por la calidez
de los seres invisibles,
que os dan su compañía
y os aman, y protegen vuestras horas.
Ea buen humano ea,
deja que el niño que en ti mora,
tenga sus alas siempre abiertas.

-Aviso para niños que ya han cumplido mas de cuarenta: ¿Esta bola que sujeta la mano de Alejandro no es recuerda a otra bola? Si estás en Alaska, puede que te suene mucho esta bola de cristal.


El fotografo Alejandro Nemonio Aller, haciendo entrega de una reproducción de su instantánea a la autora del relato elegido Manuel Bodas, en el encuentro de 
CUENTO CUENTOS CONTIGO del día 9-11-2018




CUANDO NO HAY SOL
(Autora: MARI SOL VALLADARES)

Mi Madre siempre tenía geranios en casa. Pero esta vez las cinco plantas de colores estaban en un lamentable estado. Daba igual regarlas que no, cada día, perdían un nuevo brote y las flores ya nacidas, caían sin remedio. Solamente aquel pachucho y lastimoso geranio blanco, parecía tener la fuerza suficiente para aguantar lo que fuera que les estaba afectando. Ella cada día recogía de la trébede las hojas y los brotes secos. Y un día sacó el tiesto del geranio rosa, dos días después el geranio rojo fue dado de baja, y así hasta que un mes después, solo quedó el blanco. Como era un poco sinsal, siempre había tenido algo abandonada esa planta, tan… mustia, tan blanca, tan poca cosa. Sin embargo, allí estaba, cada día más fuerte, con mejor pinta, cada día más bonita. Y le habló y le pidió perdón por ignorarla a causa de su falta de color. Esa planta pasó a ocupar un lugar privilegiado, destacado, principal dentro de la casa. Sólo después, ya entrado el otoño también el geranio blanco comenzó a secarse y, al recoger sus hojas muertas, se dio cuenta de que no eran las plantas las que tenían algo malo, era la falta de sol lo que las mató. Ahora comprendió que nunca debió haberlas encerrado en ese espacio, su vida estaba fuera, al sol.



                  FLOR DE INVERNADERO  
                                            (Autora: LALY DBT)                                                   

Hoy, Lucía tiene una belleza especial…
Una  suave capa de maquillaje le da un aspecto natural y relajado y su leve sonrisa desprende una extraña calma, como sintiéndose en paz consigo misma.
El peinado, una discreta melena rozando apenas sus hombros, ha sido un acierto.
Tan elegante como siempre, pero más serena que nunca.
Hace mucho que no recibe a tanta gente porque Gerardo llega cansado del trabajo y dice que no está para fiestas. A Lucia no le importa, comprende que trabaja demasiado para que a ella no le falte nada, incluso a veces se siente culpable por recibir tantos regalos.
¡Tiene tan buen gusto! Y siempre acierta con las tallas.
-Para la flor más hermosa de mi casa… Dice siempre, cogiéndola la cara entre sus manos y mirándola con el mismo fervor con que se adora a una diosa. 
-Pero estás un poco pálida. Un día de éstos te llevaré a dar un paseo por el campo.
Y ella sonríe, tan silenciosa como siempre, antes de abrir el nuevo regalo.
Precisamente hoy, va cubierta de pies a cabeza con sus valiosos obsequios.
Hoy, Lucía tiene una belleza especial… El vestido negro marca suavemente su silueta, sin pasarse, como a él le gusta. El negro es su color favorito, sencillez y elegancia eternamente de moda, ideal para esta ocasión.
Lleva zapatos elegantes pero cómodos,  una elección perfecta para un largo viaje y no parece preocupada por si se rompen sus medias de cristal, tan hermosas y frágiles como ella.
Luce un fino collar de perlas, no demasiado largo, no vaya a alcanzar el escote y atraer miradas, ni demasiado corto, no vaya a rozar su cuello, reservado para las suaves manos de Gerardo, que lo rodea como nadie. Todo debe ser moderado.
En sus orejas brillan unos pendientes de oro fundido a puño y fuego, como se funde el metal de los muertos.
Su perfume de siempre, Eternity, alivia el olor a incienso que invade la iglesia y se mezcla con el aroma de las flores que la rodean, las que como ella, han vivido en una burbuja de cristal, a salvo de  peligros externos, las que mañana estarán tan muertas como ella.
Y sobre el ataúd, alguien ha puesto su cajita de música abierta para atenuar los sollozos, el murmullo de los rezos y a eso de las cinco, las campanas tocando a muerto.
Hoy Lucía tiene una belleza especial… Lo único que no lleva puesto es el precioso conjunto de lencería fina que Gerardo la regaló anoche.  Lástima que no la apeteciera estrenarlo para él y elevarlo al séptimo cielo.
Dicen que anoche hubo cristales rotos y esta mañana una flor yacía en el suelo.
Hoy Lucía tiene una belleza especial… parece estar en paz… quién lo iba a decir… con lo buen marido que era…

  
CUENTOCUENTOS   
(Autor: ARMANDO GUTIERREZ RODRÍGUEZ)


¿Qué pensaste,que lo tenías todo aferrado? 
Nunca pudiste imaginar que la realidad se volviese en tu contra, que lo impensable, lo nunca soñado, se hiciese tangible.¡Qué ingenuo! Mírate. Busca un espejo. Descubre esos ojos abiertos de par en par, fijos y brillantes cual bolas de vidrio inerte, (absortos). 
Lo tuviste todo en tus manos y no supiste aprovecharlo. Apretaste demasiado, sin medida,con saña incluso. Para después abandonar sin duelo ni excusa, sin ni siquiera motivo aparente. 
¡Y aún tienes la desfachatez de volver sonriente! 
Demasiado tarde.
Traes otra bandera para la misma guerra, un trapo muy grande para tan escasas lágrimas. 
Demasiado tarde. 
Venías a un funeral y te encuentras con un cabo de año. 
Demasiado tarde.
Muestras cristales y unos pocos granos del paciente y roto reloj de arena... 
De arena y tierra se ha rodeado la abandonada semilla, mostrando humilde el tierno 
verdor de la nueva vida.
No intentes tocar, desiste. Jamás sentirás el suave tacto. 
Mira si lo prefieres. Te cautivará su hermosura. 
Huele, inténtalo. Huele y responde si tienes valor: 
¿Cuál es el aroma de la indiferencia?



LA VIDA EN F/2.8
( Autora: FLOR MÉNDEZ VILLAGRÁ)

Carlitos siempre será Carlitos para todos. Ahí tienen a la tía Lola que le sigue preparando el arroz con leche como cuando era niño, al señor José, el vecino del tercero de toda la vida, que le sigue llamando chaval a pesar de sus 56 años, la Señora Carmen con la que sigue coincidiendo a veces en la pastelería que regentó durante años y al que sigue invitando, cuando eso sucede, a un pastel de milhojas de merengue (su debilidad desde que tiene uso de razón), y como no, Carlitos siempre será Carlitos para su madre, a la que solo una vez la oyó llamarle  Carlos,  quizá porque hasta ella consideró fuera de lugar el diminutivo al sorprenderle en su cama matrimonial con la mujer del comandante Marinos, el vecino del segundo.
Carlitos siempre fue un niño “especial” para los que le querían,  y un niño “rarito” y “pedante” para el resto. Desde pequeño demostró una predisposición innata para crear su propio mundo y aislarse en él, y una inteligencia poco común para los parámetros “normales” de su edad.
A los seis años, los padres de Carlitos recibieron una carta de su profesora en la que  les aconsejaba poner a su hijo en manos de especialistas ante las reiteradas conductas “inapropiadas” del niño.
Carlitos aguantó sin rechistar sesiones, estudios, pruebas de psicólogos, psiquiatras, neurólogos e incluso santeros, sin que ninguno de ellos se atreviera a dar un diagnóstico fiable de la conducta del pequeño, lo que dejó a la familia sumida en un desasosiego perpetuo y con la sola esperanza de que según fuera creciendo, Carlitos se fuera “entonando”. 
Pero no, Carlitos nunca cambió, ni se “entonó”, ni na,  y la familia empezó a asimilar y a acostumbrarse a lo que prefirieron llamar “las manías de Carlitos”.
Carlitos nunca se llevó bien con la gente, quizá porque desde niño fue víctima de burlas e incomprensión por parte de sus compañeros y evitaba siempre que podía la conversación o el contacto con las personas, ya fueran niños, adultos o mayores. El por qué había acabado entablando tan “especial” amistad con Isabela, la mujer del comandante, era para todos un misterio, sobre todo para su madre que jamás se recuperó del susto de ver el generoso cuerpo desnudo de la vecina sobre el enclenque Carlitos, visión que por otra parte nunca compartió con nadie, llevándosela a la tumba.
Isabela la vecina y su marido el comandante, se instalaron en el segundo piso del edificio tras el ascenso de este último en el escalafón militar y el correspondiente traslado  desde su antigua base aérea de Gando. Canaria hasta la médula, el aire se le hizo pesado sin los olores de su océano querido, y las continuas ausencias de su marido le hacían añorar aún mas los abrazos de su familia y amigos, solo los paseos diarios con su cámara fotográfica por la ribera del Bernesga le devolvían la sensación de no haber perdido la capacidad de enamorarse de los colores.
 Una de esas mañanas,  sorprendió al hombre que vivía en el 1ºD, entre la vegetación de la orilla contemplando absorto unas pequeñas plantas y probando en su cámara varias lentes  que se encontraban esparcidas a sus pies.
-          Yo probaría con una  90mm y apertura de diafragma de 2.8, le gritó Isabela.
-          Es la mejor, sin duda, le contesto Carlos sin levantar la mirada.
Isabela se deslizó por la pendiente y le tendió la cámara a Carlos
-          Fotografié esa misma flor ayer
Carlos por primera vez levantó los ojos y le tendió su cámara diciéndole:
-          Yo también
E Isabela se descubrió en el visor de la cámara de Carlos; su silueta difuminada rozaba  las pequeñas flores blancas, tan nítidas y luminosas que llegaban a resultar casi irreales,  a ella le pareció, sin duda ninguna, la foto mas bella que jamás había visto. Carlos levantó sus ojos y viendo los de Isabela sonrió

Y entonces….como hacerle entender a la Señora Carmen, que por primera vez, aquella vez, Carlitos se sintió Carlos. Que por primera vez, aquella vez, encontró a alguien que sabía ver los mundos que se esconden tras los mundos reales y que al igual que él podía traspasar los espejos y encontrarse en el ángulo exacto y único, marcado por su objetivo, en ese conocido “punto dulce” donde la distancia focal marca la nitidez justa en la fotografía de la vida. Como hacerle entender, Señora Carmen, que Carlos e Isabela formaban juntos, la instantánea perfecta.


LA FLOR DE LA VIDA
(Autora: NOEMI MONTAÑES)


Observando aquella diminuta flor, delicada, de un blanco apabullante, de pétalos irregulares y corola diminuta de un amarillo deslumbrante, rodeada de esas hojas de trazo irregular de una morfología efecto de los últimos cinco años de investigación de Flor, ahora ya doctora en botánica.        
 Aquel 26 de junio cuando la bautizaron Flor, nadie podría imaginar que toda la vida de esa bebé tendría un matiz floral.  Su querencia por el mundo vegetal nació desde bien chiquita por sus estancias veraniegas en la casa de los abuelos a pie de una montaña gigantesca a sus ojos, que fue decreciendo conforme Flor creció, y que fue su primer campo de investigación de la mano de Manuel, su querido abuelo, que exhalaba sabiduría de vida y naturaleza (no en vano toda su vida transcurrido en esos parajes).

Gustaba Manuel de mostrarle a Flor todo lo que el campo susurraba, sus animales, grandes y pequeños:  vacas, caballos, liebres, pájaros, sus rocas, su tierra , sus prados, sus árboles y especial las flores, si las flores que según Manuel tenían vocabulario propio, que embellecían todo, que son alimento, que son cura; y con una paciencia exquisita le explicaba  a la pequeña con más o menos fortuna sus nombres, sus propiedades, su origen  y  su lenguaje.

Y ahí mucho tiempo después, con el abuelo Manuel ya descansando en su campo el que le vio nacer, estaba Flor con su lupa (esa que el propio Manuel la regalo cuando empezó sus estudios) observando la Geranium Dianthus Caryophyllus Minima, su nombre oficial o “Manolita” como ella la bautizo en homenaje a su abuelo.

Y empezó a recordar cómo había llegado hasta su Manolita; su abuelo un día de buena mañana empezó a sentirse extraño, no conseguía percibir ningún olor, no sentía molestia ninguna, pero no detectar su café despertador le puso muy nervioso, probo con nerviosísimo a oler los Lilium del salón, su colonia Eau Savage de toda la vida y nada, no olía nada. Fueron a urgencias porque su tensión se empezaba a disparar por la ansiedad, y allí tras horas y horas de espera y de pruebas, llegó la aciaga noticia. Manuel tenia una tumefacción en el sistema límbico concretamente en cerca del tálamo que por su tamaño le impedía el normal funcionamiento de su olfato.

Manuel siempre fue un hombre tranquilo y se tomo la noticia de igual manera, asumía que tenía una edad, que algún momento en que haría aguas por algún sitio, pero si le disgusto sobremanera (aunque no dio indicio alguno de ello) que fuera que empezara por ahí, privándole de uno de sus sentidos favoritos. Los demás no se tomaron la noticia con tanta tranquilidad, la propia Flor entró en crisis y se prometió así misma encontrar la cura (con la indolencia propia de quien no quiere despedirse de sus seres queridos).

El abuelo Manuel, murió meses después sin que obviamente Flor pudiera hacer nada para encontrar la cura, pero ahí quedo entre su cerebro de científica y su emoción de nieta huérfana, la idea de que la cura se encontraba en las flores.

Tras varios años de investigación, injerto sobre injerto, noches de laboratorio, análisis, catas, reacciones y demás, un buen día se sucedió. Un pequeño brote comenzaba a abrirse camino entre sus hojas verdes; dos días después se abrió en todo su pequeño esplendor, y comenzaron las tareas de extracción de la esencia y su interacción con otros elementos químicos. Una madrugada del enésimo día sin descansar, las pruebas en roedores dieron su fruto, y el tumor del diminuto y asustado ratón desapareció tras inocularle la esencia de la “manolita”, fue entonces cuando Flor la bautizo como “la esencia de la vida”. Increíble paradoja que una flor tan minúscula  fuera tan poderosa, tan curadora.


Un veintiséis de junio, 30 años después de nacer, Flor, con gesto solemne, ante multitud de medios congregados en la sala de prensa del Instituto Oncológico, comenzó la exposición de su investigación y los resultados con una frase: “Abuelo Manuel, la esencia de la vida, lleva tu sabiduría impresa” y tras dos minutos de silencio, con los ojos humedecidos, continuo su exposición. 



EL GERANIO BLANCO
(Autor: MARCOS CASTRO MORAN)


" Faro que descansa de día, por la noche conviértete en guía ".
El joven mago lanza el conjuro y el faro comienza a emitir destellos de luz cuando la claridad empieza a perder fuerza. Desde el año 1971 una familia de magos se había hecho cargo de proporcionarle luz, desde el momento en que en una descomunal tormenta, un enorme rayo lo averió dejando ciegos a los barcos que bordeaban el acantilado para poder llegar a puerto. 
El faro pertenecía a un pueblo con muy pocos recursos, que no podía hacerse cargo de la reparación del mismo. Desde el día siguiente a la gran tormenta los magos se instalaron en él y cada noche pronunciaba esas mismas palabras para hacerlo funcionar. 
El joven era el último de su estirpe y vivía solo en la atalaya, la única compañía que tenía era la de un precioso geranio blanco, al que su madre había cuidado con exquisito mimo. El mago lo regaba cada día, le cambiaba la tierra cuando era preciso, lo sacaba al sol y por las noches paseaba con él para que recibiera la brisa marina y la fuerza de la luna. Las rondas nocturnas debían ser cortas, ya que si se alejaba del faro, el hechizo se anulaba. 
Se sentaba en el acantilado, ponía la flor en su regazo y le contaba historias sobre hermosas sirenas que habitaban el mar al que estaban asomados. Leyendas que habían ido pasando de generación en generación hasta la actualidad.
Una noche en la que el mago estaba al borde de la pared vertical fue sorprendido por una fuerte racha de viento, que hizo que cayera al suelo golpeándose la cabeza, desprendiéndose de sus manos la maceta con la planta.
El mago miró al faro y seguidamente a la inmensa masa de agua, no se veían luces, ni se oían ruidos de motores que pudieran indicar la cercanía de alguna embarcación que pudiera precisar de su luz. 
Se dirigió corriendo al sendero que llevaba a pie de mar. Cuando por fin llegó a la parte más baja del acantilado comenzó la búsqueda de la flor, saltando de piedra en piedra con sumo cuidado de no caer a las revueltas aguas. Avanzaba mirando justo delante de sus pies. De repente paró en seco, no podía creer lo que estaba viendo. Una mano sujetaba la maceta con el geranio, que había perdido todos sus pétalos. Siguió descubriendo la figura que tenía ante si, bello rostro de mujer con los ojos color océano, cabello blanco como la sal, torso desnudo envuelto en gotas de agua y de la cintura para abajo una magnífica cola que recordaba a la de un delfín. 
Acababa de encontrarse con una sirena. 
Cuando el joven mago consiguió articular palabra le preguntó porqué estaba allí con su planta en la mano. Ella le contestó que como todas las noches había acudido al acantilado atraída por una voz, que aunque no conseguía entender lo que decía por la diferencia de altura, la empujaba hacia ese lugar. Fue entonces cuando a su lado había caído un objeto. 
El mago Le confesó que esa voz que oía era la suya, relatando leyendas sobre sirenas a su querida planta. De pronto recordó el estado en el que se encontraba el geranio, y volviéndolo a mirar, se le llenaron los ojos de lágrimas. En ese momento la sirena abrió la otra mano, la cual había mantenido cerrada hasta ese instante. Sobre su palma se encontraban los pétalos de la flor. Le dijo al joven que le daría uno cada noche para que pudiera ponérselos de nuevo al geranio, a cambio de que él le contara tantas historias como pétalos tenía la flor. Esta debería de quedar a buen recaudo hasta que finalizara el acuerdo. 
El mago puso su dedo índice al lado del geranio y partiendo de una gota de agua del brazo de la sirena trazó una circunferencia alrededor de la planta y los pétalos, de inmediato estos quedaron protegidos dentro de una burbuja. Por cada historia que el mago le contara, un pétalo se uniría a la flor. 
El mago abre los ojos. Está tumbado en el suelo al borde del acantilado. Se siente aturdido. A su lado, el geranio luce hermoso al amanecer. 
Hay quién dice que el encuentro entre el mago y la sirena fue real, otros lo relatan como una leyenda más del lugar. A mí me gusta pensar que esa noche fue el geranio quien le contó una historia al mago. 

LA VIDENTE
(Autor: JESÚS LOPEZ)


La anciana siempre supo que no era fácil ser vidente. Nunca lo ha sido. Es cierto que, hoy en día, al menos en el mundo occidental, no queman a nadie por predecir el futuro. Pero también es cierto que hay multitud de páginas y aplicaciones que se atreven a adivinar qué le va a pasar a la gente a un precio módico. Y si con eso no tienen suficiente, siempre pueden ver la tele hasta las tantas para encontrar uno de esos teléfonos que anuncian algunos artistas del engaño escondidos detrás de algún call center mientras se hacen pasar por brujas o brujos. La gente les llama para contar sus vidas pensando que van a encontrar una solución a sus problemas, igual que su nieto cuando copiaba las respuestas en los exámenes de matemáticas en vez de resolverlos él mismo. Y claro, por el camino les despluman. 
Los videntes de verdad, los que ven más allá de lo razonable por alguna causa inexplicable, como ella, no se anuncian. Y lo que es más, normalmente no quieren ver todo lo que ven, porque si es verdad que cualquier tiempo pasado fue mejor ¿Qué va a tener de bueno ver algo peor como el futuro? ¿Cómo va a beneficiar ella a una persona si le dice: «mire, lo siento, pero se va a morir? 
Te vas a morir. Suena horrible decirlo. Aunque ella sabía perfectamente que todos debemos morir, también sabe que, de algún modo esperamos otra cosa, incluso ella, y por eso todo el mundo prefería que le dijeran otra cosa: que todo les va a salir bien. Por eso la gente se deja engañar. Y es que a veces la gente tiene más seguridad en lo que les cuenta un desconocido que en sus verdaderas posibilidades. 
Sabía que la gente se emperraba. Sí. Se emperraba igual que Cloe cuando la visitó. 
Era un joven cantante que quería saber su futuro en el mundo de la canción y cuando escuchó hablar de aquella vieja gitana que tenía fama de ver a través de una pequeña bola de cristal, no se resistió. 
─ ¿Cómo me irá en el concierto? ─le pregunto Cloe, deseosa de saber si al fin explotaría como la gran artista que todos decían que era.
 ─Yo veo flores ─respondió la anciana.
 ─Eso es bueno, ¿verdad? A todos los artistas les dan flores al final de una actuación cuando triunfan. ─Lo sé, pero no funciona así. Yo sólo sé lo que veo y lo que veo son unas flores muy hermosas. 
─ ¿No me puede decir algo más concreto? Debe haber algo que le indique cómo  me van a salir las cosas.
-Bueno… Niña, te puedo decir que debes comer sano, que debes ensayar mucho y que debes ser una persona honesta, especialmente contigo misma. Te irá bien en el concierto si haces lo que te digo. 
No era lo que Cloe esperaba. 
─ ¿Por esto me va a cobrar? –dijo enfadada la joven cantante. -
No, mujer ¡Qué va! Sólo cobro la buena voluntad… 
Cloe salió de la chabola echando pestes por el tiempo perdido y nunca volvió. La anciana quedó sólo con sus pensamientos, y siguió con su vida. 
Un día la vidente salió de su chabola y al poco de caminar un hombre reparó en ella y se acercó. Cuando llegó a su altura le dijo: 
─ ¡Usted! Me dijo mi esposa que la había visitado hace algún tiempo, pero usted no le dijo nada. Se llamaba Cloe.
 ─ ¿Una chica que cantaba y con aspecto de comer mal? El hombre no respondió. 
»Claro que le dije. Le dije que comiera sano, entre otras cosas. Pero ella nunca hacía caso ¿Verdad? No había forma de ayudarla sin que se ayudara ella. Le acompaño en el sentimiento.
 ─ ¿Cómo sabe que se murió? Lo vio en las esquelas ¿verdad? 
─Lo sé, porque vi las flores en la bola de cristal. Las flores que usted lleva en la mano para decorar su tumba. El hombre rompió a llorar como un niño. De joven le habría consolado, pero había visto tantas lágrimas que sólo pudo suspirar acongojada y seguir su camino, lentamente, mientras deseaba que su maldición terminara. Y mientras caminaba se decía: « ¡Qué duro es!».

Ensueño de Luna
(Autor: LUIS FERNANDO GONZALEZ)

 -Mira, mira hacia arriba, la esplendida noche se está formando. Verás como ahora empiezan a aparecer pequeños puntos de luz brillantes. 
El niño miró con curiosidad, inclinó la cabeza un poco hacia un lado y a través de sus pequeñas gafas, descubrió las primeras estrellas del verano. 
No era noche cerrada aún, en el horizonte todavía se podían distinguir las figuras de los cerros y los árboles altos del río. Pero el suave manto de la noche ya cubría más de la mitad del cielo. La luz azul pálido que terminaba en el infinito, pronto moriría con el estertor casi invisible de un diminuto y finísimo rayo verde. 
Caminaba junto a su padre pisando el mullido césped y jugando a no pisar las flores que aparecían en su camino. Las historias de estrellas, planetas, galaxias y otros objetos que aparecen en el cielo nocturno le parecían fascinantes y, como siempre, le transportaban a lugares remotos y desconocidos fuera de este mundo.
- Mira, mira esa estrella que se queda quieta y no parpadea, la que brilla más que todas las otras juntas y que tiene un color rojizo como los pétalos de las amapolas. Ese es Marte, y aunque parezca una estrella gorda y gigante, no es más que un planeta más pequeño que la tierra donde habitamos. La luz del sol se refleja en él y le hace brillar tanto como a la luna, pero a mucha más distancia.
 - La luna, es verdad, la luna aún no ha salido, ¿dónde está la luna? Todas las noches sale y hoy tocaba luna llena. Su padre le respondió con una leve sonrisa marcada en sus labios.Comprendía la preocupación de su hijo y la inocencia de su pregunta ante hechos para nosotros normales. 
- No te preocupes que la luna en algún momento saldrá. No todas las noches sale a la misma hora, hay noches que madruga para iluminar a los viajeros que se adentran por los caminos evitando los calores del día, y hay noches que se retrasa para que los animales se protejan y deambulen sin grandes temores al recoger semillas o encontrar a su pareja. 
- Si, pero ¡yo quiero ver la luna! 
- Hoy tardará en salir, las estrellas darán la luz suficiente y cuando aparezca la luna tú ya estarás durmiendo en tu cama caliente. Dejaremos un poco subida la persiana para que, entre las rendijas, te vea como duermes. Sabrá que la quieres, que sueñas con ella y procurará que al día siguiente aparezca antes para mostrarle lo que sientes. 
Al despertarse no tuvo que esperar a la noche para que la luna se hiciera presente. Sobre su mesilla, entre el vaso de agua y las gafas que llevaba, una inmensa bola de cristal, iluminada en un lado por un rayo de sol, reposaba semiabierta con una preciosa flor en su interior. Eran las flores que había esquivado en su paseo, las flores que cuando se acostó perfumaron su pensamiento y las flores que durmiendo aparecieron en su sueño. Flores blancas que, rodeadas de soles y planetas, encerraban un mundo en su interior.


GERANIO BLANCO
(Autor: MARTA REDONDO)

Reflejos de inocencia.
Eso veo en tus ojos.
Los veo flotando atrapados entre las micro partículas que raptan la luz que les sale al paso.
Todos los días, cuando te veía, miraba la línea recta que baja desde esa frente despejada cruzando la nariz respingona para dejarse limitar por esos labios carnosos y apetecibles como manzana recién cogida en el equinoccio de un octubre cualquiera. No dejaré que nadie los pruebe. Tengo que cuidarte. Ni siquiera yo he de probarlos.
Yo sólo quiero esos reflejos. Ellos sí que me perturban. Tienes los ojos de una ninfa vanidosa. Sabes hacer parpadear tus pestañas y mostrar esas pupilas virginales.
Pero no voy a dejar que me seduzcas. Yo solo quiero la pureza de tu cuerpo joven.
Por eso cruzabas cada mañana por delante de la puerta de mi kiosko. En el fondo deseabas que te rescatara del bosque de zarzas donde estabas metida.
Siempre camuflada en ese enorme jersey dos tallas más grande de la que te corresponden y enfundada en unos vaqueros imposibles que realzaban tus incipientes formas de mujer. No deberías vestir de ese modo. Ni calzar esas zapatillas deportivas de plataforma aspirantes a regresar a su blanco original. El mismo blanco que yo quiero para ti, Un estado de pureza. Eso es. Mi dulce doncella.
Al verlos ahora apilados al fondo de esta habitación el jersey, los vaqueros y esas horribles deportivas pienso lo que haré con ellos. Tendré que quemarlos. Tu ahora eres mi virgen y tendré que vestirte como tal.
Cómo te gustaba exhibir vanidosa ese largo pelo castaño color madera de roble blanco siempre en movimiento.
Al pasar por delante de mi puerta te he visto cimbrearte con el desparpajo de un geranio blanco que pavonea su hermosura en un gran balcón que mira a una plaza mayor esperando los vítores lascivos de los que solo quieren devorarte.
Pero tú no debes estar en una maceta en exposición para que todos puedan mirarte con ojos obscenos.
Por eso es mejor que te quedes conmigo, geranio blanco. No se por qué lloras. Yo voy a regar tus brotes verdes para que crezcas recta y sana. Vas a conservar el estado original de una flor recién salida en el paraíso.
Ya nadie podrá robarte los reflejos luminosos. Ahora estás aquí en mis manos. Ocupando el dulce espacio que mido entre las yemas de mis dedos.
A salvo, conmigo, geranio blanco.


lunes, 30 de octubre de 2017

"Cuentos a-con-de-para- Flinn" (VARIOS AUTORES: Macamen de Vega, J.P. Chelmick, Manuela Bodas, Mercedes G. Rojo, Luis Fernando Glez)

                                     





CARTA PARA MARCELO
 (Autora: MACAMEN DE VEGA)


Querido humano amigo Marcelo. 

Hace tiempo que quiero decirte varias cosas. A pesar de pasar horas viendo cómo hilas palabras con maestría me resulta imposible (aún) escribir lo que siento, por eso he tenido que recurrir a Macamen para que lo haga por mi (confío en que será fiel a lo que yo le he contado)

Nací hace un año y pico en una mata de azucenas que devoré a placer en soledad, pues de las decenas de hermanos que salieron de los huevos que me rodeaban nunca llegué a tener noticias. Así pues me hice fuerte a base de devorar aquellas hojas que, aunque deliciosas, pronto empezaron a cansarme. 

Transcurridos un par de meses mi curiosidad me llevó a abandonar aquella mata segura en busca de aventuras. Resultó que, tras lo que me pareció un viaje larguísimo, me topé con una mata de azucenas idéntica a la que había abandonado ¡No daba crédito! ¿Un viaje tan largo para estar en un lugar similar? Entonces descubrí tres paisanos que pastaban ansiosos como si nunca antes hubieran probado esas hojas jugosas y me acerqué a ellos convencido de que me contarían maravillas del lugar del que ellos venían. Me equivocaba. Habían nacido meses antes que yo ¡y no se habían movido de su mata! Hasta habían dormido en ella todo el invierno. Un poco sorprendido, pero aún ilusionado con descubrir mundo, abandoné su planta para seguir mi viaje. Tras mucho caminar me encontré en una tercera mata de azucenas en lo que me ocurrió algo parecido... Así, con un poco menos de ilusión cada vez seguí mi búsqueda de aventuras hasta llegar a la séptima planta similar, en la que empecé a comportarme como el resto de mis compañeros, totalmente rendido y resignado a una vida aburrida.

Un día más en el que pastaba ávidamente movido por el aburrimiento un destello desconocido despertó la curiosidad que llevaba dormida en mi un tiempo. Me acerqué y al momento me vi reptando por un material frio y transparente totalmente desconocido para mi. Ha pasado tiempo y ahora comprendo que me metí en una puerta mágica que me transportó a una dimensión desconocida para mi. ¡Qué emoción dando vueltas en aquel cristal! Mi espíritu aventurero estaba otra vez en marcha esperando descubrir dónde me llevaría la curiosidad esta vez...

He pasado algo más de un año en esta nueva dimensión, donde vivo con tres humanos (ahora lo sé, tardé un tiempo en ubicarme, tomar conciencia y poner nombres a las cosas). Durante este tiempo he vivido historias tan increibles y maravillosas que nunca imaginé (y mira que tengo imaginación). He trepado a la torre de Hércules, he conocido caracolas, estrellas de mar, me ha arrestado la policía (por error, por supuesto), me he sentado en un trono donde me he sentido amo de siete reinos, he protagonizado relatos, he sido portada de un libro, he recibido cientos de me gustas y me encantas, yo, ¡un pequeño caracol normal y corriente! Además todos estos meses he comido manjares que jamás hubiera probado de no haber entrado en aquella puerta (por cierto, cuando el calabacín esté por las nubes no hagas el esfuerzo, todo lo que como me parece exquisito).

Quiero decirte, querido Marcelo, que soy muy feliz. Que me estás dando una vida mejor que la que nunca pude soñar. Que cada día sintiendo la lluvia fresca que inventas para mi me siento querido y cuidado y que te digo (aunque no me oyes porque lo digo en caracolo y muy bajito) «¿Qué haremos hoy, amigo Marcelo?».

Antes de despedirme quiero contarte alguna cosilla más importante para mi. La primera que he leído en Internet (tu eres el culpable de que haya aprendido, lo siento) que bien cuidado puedo vivir de cinco a seis años, así que ya puedes pensar aventuras para seguir este ritmo porque me has acostumbrado a que para mi casi todo es posible y no quiero parar, voy a seguirte a dónde me lleves. 

La segunda es que, por favor, hables con ese ser tan extraño que lleva una concha negra también extraña sobre la cara y le expliques que de ninguna manera puede  ser mi padre, no sé lo que es, pero está claro que él no es un caracol. Tendrá que seguir buscando a su hijo en alguna otra galaxia. Yo no me atreví a decírselo porque me habló con mucho convencimiento y no quise desilusionarle, pero creo que debe saberlo. Y, por último, intenta hablar con esa gente que sale de vez en cuando tras la pantalla atizándose sin piedad  por conseguir mandar sobre esos siete reinos. Cuéntales que ya ocupé ese trono hace tiempo, están tan ocupados peleando que ni se han dado cuenta.

Y quiero pedirte una  cosa, esto es lo más importante, lo que me dio el impulso final para dictar esta carta: que no te vuelvas a preguntar nunca si tienes derecho a hacer lo que haces conmigo porque estoy orgulloso y feliz de vivir con tres humanos buenos que se quieren tanto y que han decidido quererme a mi también. Me siento tremendamente afortunado.

Creo que he dicho todo lo que quería. Espero tener pronto ocasión de contarte más cosas, eso querrá decir que seguimos juntos viviendo las mil y una aventuras que hace mucho soñé en una aburrida mata de azucenas.

Un babosísimo abrazo,


Flinn 

                                                                                                                                                   


UN HOMBRO AMIGO 
(Autora: MANUELA BODAS)

No pensaba salir de su concha en muchos días. Los humanos, esos seres racionales, que son los únicos animales que hacen animaladas, andaban revolucionados.
Flinn no sabía el motivo, pero le daba miedo asomar y  ver desde su concha tanta irritabilidad. Claro que tuvo que salir para alimentarse.
Fue cuando un rayo fugaz con mucha luz, le deslumbró, estuvo unos segundos con chiribitas en los ojos. Comenzó a babear para pasar el susto, y se quedó observando durante un buen rato a un humano con un dispositivo acoplado a sus manos, del que salían rayos con mucha luz.
Chispazo por aquí, chispazo por allá, iba de una lado para otro con aquel artilugio que lanzaba rayos de luz. Flinn era muy curioso, así que a pesar de su lentitud, fue acercándose al humano Rayosluz y se colocó sobre su hombro, con mucho recelo, pues no sabía si al humano le haría mucha gracia que se le hubiera subido al hombro un “caracol, col, col, col, saca los cuernos al sol que tu padre ya los sacó y tu madre también los sacó”. Esa canción se la habían cantado muchas veces para que asomara y enseñara su cuerpo fuera de la concha.
Al humano Rayosluz, lejos de molestarle la subida de Flinn por su hombro, le agradó muchísimo su compañía, tanto que Flinn un poco atónito, pudo escucharle:

Blandito por dentro, duro por fuera,
no tienes alas, pero en mi hombro vuelas.
Recorres el mundo lentamente,
para tomarle el pulso a las cosas,
lentamente, recorres la vida,
para saborear el tiempo
y esconderlo en tu concha.
Blandito por dentro, como el cariño.
Duro por fuera, como la roca
que guarda en su vientre la amistad.
Te veo cada día, surcar espacios de ser,
espacios que fortalecen las fibras
que nos atan a los otros, a los demás.
Blandito por dentro, como un latido bueno.
Duro por fuera, para protegerte de los abismos
que ciegan las risas y las convierten en llanto.
Blandito por dentro, duro por fuera,
y lleno de átomos que nos emparientan.

Flinn agradeció a su manera, aquellas palabras que Rayosluz, parecía que le había dirigido a él. Viendo que al humano no le molestaba, siguió en su hombro. Así descubrió algo sorprendente y milagroso.
Rayosluz, daba vida en pequeño, a los otros humanos a los que había dado el fogonazo con el artilugio que brotaba de sus manos. Sí, sí, así como os lo cuento:
Resulta que mi buen amigo Rayosluz, es un gran mago. ¡Reproduce copias de los otros humanos en pequeño! Eso sí, en las reproducciones no se mueven, pero le salen genial, diría que algunos están mucho más bellos que en la realidad. Par mí, que Rayosluz con su magia, capta algo de ellos que no se ve a simple vista. ¡Eh, cuidado! No contéis este secreto, puede que a Rayosluz no le guste que se sepa nada de esto, no me gustaría perder su amistad. Aunque de todos modos, creo que debería hacerse público y manifiesto que Rayosluz hace una magia buena y  preciosa.


                                                                                                                                                


EL CARACOL 
(Autor: P.J. CHELMICK)

El despertador sonó estridente,  con esa prisa por hacerse el protagonista de la mañana, restando importancia al maquillaje del amanecer.

Se puso sus roídas zapatillas y tiró de las sábanas, ordenándome a toque de gallo mal criado que abandonara mi affair con Morfeo, ¡ qué sabría el de mi inclinación sexual¡.

Puse un par de rodajas del pan que todos los días sobraba en la tostadora; en la licuadora unos trozos de sandía con tomate, mientras la achicoria se escurría en la cafetera.

El agua de la ducha templaba la fría madrugada.

Escribí mi primera nota en el vaho del espejo: " No me gusta la esclavitud de las mañas".

Tras el desayuno, acomodé mi vestuario sobre la calidez de la crema hidratante, apreté el nudo de la corbata hasta que mi lengua empezó a ponerse morada, y entendí que todavía no había llegado mi turno del verdugo.

Cuando salí a la calle, cientos de operarios estaban levantado los edificios. que se negaban en el bostezo de sus ladrillos; doncellas de tiros largos planchaban aceras y carreteras; operarios con candelabros encendían los semáforos.

Nada había cambiado desde ayer.

Cuando el topo eructó las bocas del metro se abrieron, engullendo, en ese hambre de la dieta nocturna, a los amotinados obreros, que traficaban a sus puertas con cestas de dulces bañados en buenos días.

Ese día me bajé una parada antes, me apetecía caminar hasta la oficina.

En el atravesar un parque que no conocía, repleto de flores y verdes vivos, de exóticas hojas, y hercúleos árboles, a punto estuve de pisar un caracol que no me cedió el paso en el camino, no se dignó a disculparse, ni siquiera en dirigirme la mirada.

Posé mi cartera en el suelo, un segundo después de percatarme que la había dejado encima del charco de una boca de riego, crucé los brazos y llamé su atención con el tono más enfadado que pude poner.

Giró con recelo en mi dirección, levantó su babosa cara, y me increpó: ¿Algún problema?

- Te has jugado la vida-, le dije. Te has librado porque calzo un cuarenta y dos.

 Respiró profundamente, miró hacia mi cartera azul, que por momentos parecía el desagüe de una alcantarilla, por el agua que filtraba.

- Te la estás jugando tú-, me dijo serenamente. ¿No has leído las noticias? Tu empresa acaba de entrar en bancarrota.

Busqué en mis bolsillos las pastillas contra la adicción a la fantasía que me habían recetado cuando tenía once años, las había olvidado en la chaqueta que llevaba puesta ayer.

No podía ser, no sólo me estaba hablando un arrastra-conchas, si no, que además osaba decirme que estaba a punto de quedarme sin trabajo.

Conecté mi celular a la red virtual. Era verdad! Laboratorios Sinrazón, había declarado suspensión de pagos.

Me senté junto a mi cartera, lo que viene a ser, en el mismo charco, no importaba que el estancado líquido penetrara por mis pantorrillas.

Le miré, - tengo cincuenta años, ¿ qué voy a hacer ahora? ¿dónde encontraré otro trabajo?.

Empezó a ascender por mi pierna izquierda, por mi brazo izquierdo, hasta llegar a la cima de mi hombro izquierdo, se elevó un hacia mi oreja  haciendo apoyo en su carcasa, y me susurró al oído:

-En este parque el verde abunda todo el año, hay una taberna que tienen unos grillos en la que se montan unas fiestas totales, te puedo recomendar un par de cobijos que nada tienen que envidiar a la casa real, todo a cambio de tu cartera por mi concha.

Estaba desesperado, no lo dudé ni un instante, acepté de inmediato.

Medio minuto más tarde le vi alejarse con mi cartera bajo el brazo, con mis zapatos, mis pantalones, mi camisa, mi chaqueta, las llaves de mi casa, y mi vida.

A partir de aquel día nos saludábamos todas las mañanas, yo no tenía ninguna prisa, sólo me preocupaba de no coincidir en el camino con una rueda de bicicleta o un zapato superior a un cuarenta y dos.

Aprendí a vivir, que la vida son dos días, pero a mi paso, parecerían más que las siete de aquel gato que me hacía goteras en el tejado.

Por cierto, he conocido a una hermosa babosa de piel chocolate que me tiene arrastrado por el reguero que cruza el parque.

Dirijo un coro de parvulario, que todas las mañanas salimos a cantar aquello de: Caracol col col, saca los cuernos al sol...".



Colorín Colorado, este cuento se ha acabado.


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SENDEROS DE PLATA, AROMAS DE ABRÓTANO
(Autora: MERCEDES G. ROJO)


-          Por fin llueve. Pensé que no iba a poder salir nunca de esta cárcel en la que el largo y seco invierno me tenían secuestrado. Estoy deseando que este encierro acabe, estirar mis cuernos al sol y dejar que mi concha luzca por fin brillante y tersa, y para eso primero necesito la lluvia, vivificante, serena…  Espero que luego el tiempo no me falle y que también escampe y que, de nuevo el sol en el cielo,  pueda recrearme entre las hojas verdes y las flores.

-          Qué ganas tenía de que por fin este invierno tan largo y seco se derramase en lluvia sobre la tierra agostada y sedienta. Qué placer sentir resbalar este agua mansa sobre mi pelo, sobre mi cara, sentir como empapa mi piel, como la tierra se vuelve blanda bajo mis pies  y mi olfato se llena del aroma a tierra húmeda, del olor de las primeras rosas y de las plantas que pueblan el jardín, aromas de mi infancia que esta lluvia tan esperada hace revivir en mí. Qué placer poder pasear otra vez bajo ella.

Llueve.  Llueve  y llueve, tras la ventana, como en el poema de Antonio Machado. Llueve de forma continuada y mansa durante varios días seguidos, dando de beber a la tierra que permanecía seca y agrietada, casi sin vida; a las plantas que sufrían un retrasado crecimiento, de hojas mustias, de flores aún dormidas,… El paisaje parece recobrar poco a poco su verde y colorida lozanía.

Llueve, y parece más limpia la atmósfera que se lleva arrastrada por el agua las tensiones acumuladas durante muchos meses. Es vida el sol, pero cuando el agua no detiene de vez en cuando su camino, también lo malo se acumula en torno. Y ahora se respira, por fin, olor a limpio. En todos los sentidos. Naturaleza renovada, humanidad en calma.

Los pasos de la mujer se encaminan nuevamente hacia el viejo jardín que preside la ciudad y que ha visto pasar juegos, risas, llantos, desengaños…, de tantas generaciones. También la suya. Enreda sus pasos por la zona de la antigua rosaleda y descubre, sorprendida, que aún hay setos de abrótano dibujando los parterres entre los que jugaba cuando era una niña todavía. Es intenso su olor bajo los cálidos rayos del sol que secan sus hojas de la lluvia caía en estos días. Es intenso el olor con reminiscencias a infancias felices. Enlentece sus pasos, cierra los ojos y aspira profundamente ese aroma a abrótano, abrótano hembra que muy pronto verá salpicado su verde claro y ceniciento de pequeñas flores amarillas. Los recuerdos se abren paso en su cerebro y respondiendo a un antiguo impulso se agacha de repente y sus manos hurgan entre aquellas plantas cuya existencia parecía tener olvidadas. Y los encuentra.

Surgen entre los parterres buscando los rayos de sol bajo los que estirar sus dúctiles y gelatinosos cuernecillos, se arrastran entre las plantas paseando sus frágiles conchas que sin embargo les sirven para protegerse de lo que hay a su alrededor. Menos de las pisadas. Las pisadas crueles de algún desalmado que los estruja bajos sus pies regodeándose en el leve crujido de algo que se rompe sin remedio. Los recuerdos estallan en su mente a la vista de apenas unos pocos caracoles que han logrado salir adelante tras la pertinente sequía de tantos meses sin lluvia. Los hay de varios tamaños. Se inclina y con cuidado coge entre sus dedos el más gordo, la concha algo más dura que la del resto, más marcadas sus estrías, más potentes los distintos tonos marrones de la misma. Sonríe imperceptiblemente y con un gesto inverso y cuidadoso devuelve el ejemplar a la olorosa protección del abrótano que aún ni siquiera apunta el menor rastro de los botones de sus flores y observa como tras un rato – seguramente tras sentirse seguro – el molusco sale de nuevo de su refugio, estirando los cuernos y dejando un rastro de plata transparente en el lento avance de su paso. Como un relámpago le viene el recuerdo de las bolsas llenas de caracoles recogidas para su abuelo en las tardes soleadas de primavera, cuando el astro brillaba fuerte  tras la lluvia. En primavera. 

En días como éste. Caracoles que el mismo se encargaba de preparar con mimo antes de degustarlos. Ella nunca pudo.

-          Buff, menos mal. Pensé que no volvería nunca a arrastrarme entre esta acogedora mata que me proporciona su cobijo. Creí que hoy, aquí,  había acabado para siempre mi camino.

-          Por fin lo entiendo todo. Ahora sé porqué nunca fui capaz de llevarme a la boca un solo caracol a lo largo de mi vida. Ni cuando era chica de la mano de mi abuelo, ni ya de adulta en aquellas tierras andaluzas donde era plato estrella.


La tarde avanza. El sol brilla en un cielo límpido recién lavado por la lluvia que se ha llevado con las nubes todas las impurezas. En el suelo, entre el verde ceniciento y el aroma profundo del abrótano, senderos de plata guían pisadas invisibles al pasado.


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EL VENDEDOR DE SONRISAS
(Autora: LALY DBT)

Hoy era el gran día.

alcalde se puso el traje, mandó engalanar la plaza y faltó poco para que  sacara su bastón de mando, que el Señor Flinn supiera quien mandaba en aquel pueblo.

Por fin llegaba  aquel héroe al que nadie conocía pero del que todos hablaban.

Algunos aseguraban haber visto imágenes que confirmaban sus relatos, otros decían que habían oído… que decían... lo cierto es que de la misma forma que llegaron sus historias, se supo también de su inminente llegada.

 Se oyó que era un diplomático llegado de tierras lejanas por lo que el  Sr. Alcalde contrató al hijo de Munda de intérprete, por ser el más listo del pueblo  para eso de las letras. Las mujeres se engalanaron con sus trajes típicos y ellos se afeitaron como si fuera víspera de fiesta.

Alguien contó que era un peligroso delincuente,  el cabecilla de una banda  que traficaba con dinero, hasta  que lo pillaron con las manos en la masa. Aseguró haberlo visto con los billetes falsos y cuando fue arrestado y metido en un furgón policial. Pero él, escurridizo como nadie, se fugó en el traslado y esto aumentó su fama. Eso hizo que los camorristas del pueblo también estuvieran presentes, deseando conocer a su héroe.

Otros aseguraban todo lo contrario, decían que era un santo. Hasta le vieron sobre  andas, rodeado de velones y alamares cuando le sacaron en procesión en la Semana Santa leonesa. Y aquellos que defendían su historia delictiva, aseguraban entonces que sería el preso liberado… que las historias, cuando uno quiere, encajan de maravilla.

Hubo quien dijo que era un tipo duro y bien armado bajo una coraza, esto lo negaba quien decía que era un tipo blando, más bien feo, baboso y para remate de males,  cornudo.


Y a todos ellos se oponían los que aseguraban que era un Don Juan, visto con caracolas tan hermosas que parecían  llegadas del Olimpo, que Flinn era un cotizado modelo y sus fotos corrían por las redes sociales,  motivo  por el que también las mozas del pueblo hoy se engalanaron y rociaron de colonia.

Se oyó que era un ser feliz viviendo entre algodones, mimos y juegos… según otros llevaba una vida arrastrada…. Le vieron caminar lento como un anciano y el pequeño Hugo, ante la burla de todos, aseguró que era un caracol y volaba  con el paraguas de Mary Poppins…

Y así el mito creció y creció, creyendo cada uno la historia que más le apetecía.

Hubo respiraciones contenidas cuando un coche paró  en medio del pueblo. De él salió un hombre de gran envergadura.

-Ése debe ser el guardaespaldas. Dijo el Sr. Alcalde, haciendo un gesto a la banda, que empezó a tocar, acompañada por el coro de la Iglesia.

-Ah no, es el fotógrafo oficial. Dijo al ver su cámara de fotos colgada al cuello.

Como nadie más salía del coche, las autoridades empezaron a impacientarse   en el centro de la plaza, por la que caminaba con la solemne lentitud de quien se sabe importante, un hermoso caracol, mientras aquel hombre le fotografiaba  ajeno a la expectación que su llegada estaba causando y sin saber que aquella charanga estaba dedicada a ellos.

Nadie se fijó en la presencia del animal salvo Hugo, el  niño que grito:

-Es él. Es Flinn ¿Lo veis? Yo tenía razón. Es un caracol!!!!!!!!

La gente miraba atónita al pequeño animal que se refugió en su concha al sentir tantos ojos clavados sobre él.

Los hombres gritaban enfadados por la estafa, las mujeres se santiguaban pidiendo perdón por aquellos que le llamaron santo, los niños reían divertidos al comprobar que su gran héroe anónimo era aquel caracol, inmóvil ante el circulo de pies que le rodeaban.


Hubo insultos y amenazas de los que aseguraban sentirse engañados.

-¿Qué burla es ésta? Que aparezca quien empezó a difundir esta farsa. Gritaba el alcalde fuera de control.

Todos se miraban sintiéndose culpables, porque todos  contaron alguna historia que habían oído, añadiendo algo para darle más color al asunto.

-No ha habido ningún engaño. Dijo el fotógrafo recogiendo con mimo al pequeño Flinn, ante las miradas furiosas que el alcalde le dirigía, mientras los niños le rodeaban y reían con él, viendo las fotografías que les mostraba, donde el caracol era héroe y villano y santo, enseñaba orgulloso sus cuernos, se arrastraba y volaba con un paraguas, era guapo y feo, duro y blando…

-Han sido ustedes quienes le han puesto cara, le han otorgado títulos y honores que no tiene. Solo un niño supo aceptarlo como era.

 -¿Por qué los mayores se enfadan si los héroes no son humanos? Preguntó el pequeño Hugo, la única persona del pueblo que esperaba ansioso a Flinn, aun sabiendo que era un caracol.

-Porque se les olvidado cómo usar la fantasía, inventar sueños para que otros se los crean y provocar sonrisas, le respondió el fotógrafo. 

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LA VIDA DE FLINN EL AVENTURERO
(Autor: LUIS FERNANDO GONZALEZ)


Muchos piensan que la vida de un caracol es fácil, que deslizarse lentamente todo el día sobre una suave alfombra de moco es el método de transporte ideal: ecológico, abundante y con pradera siempre lista para poderte deslizar; lo de la velocidad es secundario, todavía no hay competiciones donde poder apostar…

Lo de llevar la casa a cuestas también se creen que es algo fantástico y estupendo, pero también es pesado, todo el día de acá para allá (más acá que allá habitualmente), cargando con el mobiliario de cocina, habitación y baño sin más potencia que la que dé la triste lechuga que se pueda uno encontrar. Aunque bueno, alguno hay con suerte, como mi vecino de al lado por ejemplo, lleva doble concha y mobiliario de caoba, porque su huerta está plagada de coles que dan más vitalidad. Suerte de vivir en el patio de un jubilado proveniente de Bruselas y que tiene el huerto como un vergel, siempre húmedo y bien abonado.

Pero no, no se crean nada de lo que hayan leído o escuchado por ahí, la vida de un caracol de segunda como la mía no es nada fácil, aunque he de reconocer que un poco mejor que la de los caracoles de tercera sí que es. Caracoles pequeñajos, hacinados, que puedes encontrar en terrenos baldíos o emboscados entre zarzales, sin huerto al que acercarse y cuyos mejores amigos que se les conocen son las babosas oscuras que siempre buscan un lugar vacío donde alojarse.

Pero ustedes disculpen, he empezado mi perorata quejándome como un perro sin su hueso, como una rana sin su mosca, como un mosquito sin su sangre… (hay que ver la cantidad de porquerías que comen algunos animales), y mirándolo bien, en realidad tampoco he tenido tan mala suerte, más bien al contrario, he tenido la fortuna de que me adoptara un humano, un niño como los llaman ellos, que me tiene en palmitas; si si, literalmente pues me paso la mayor parte del tiempo en la palma de su mano y gracias a ello he podido disfrutar de experiencias que ninguno de mis congéneres podrá nunca experimentar.

Como decía antes, mi casa, que siempre llevo a cuestas, esta amueblada de una forma sencilla pero con estilo, y mi dueño, ese niño del que os hablo, muchas veces dice que me lleva a casa, qué gracia me hace, no tiene ni idea, lo que él llama casa no es más que meterme en una jaula enorme con comida en el suelo, en las paredes y a veces hasta en el techo, estoy del color verde hasta el cuerno más largo que saco cuando sale el sol.

Pero como soy un caracol optimista, me quedo con lo positivo y mi fea jaula es compensada por los momentos de viajes que disfruto con toda intensidad. Aprovecho los días que me saca y un día soy un surfista aventajado que navega en la cresta de la ola como nadie, otro día soy el mejor portero que se pueda encontrar a este lado del reguero que riega el huerto, hay veces que voy de compras y ya sea un vestido fino o unos zapatos de tacón puedo asesorar de forma ideal. Me plantearé algún día ser eso que llaman “personal shoper”. Y claro tanta salida y juerga nocturna tiene sus consecuencias, en más de una ocasión me han tenido que llevar en un coche policial y con tan mal cuerpo que cuando me sacaban estuve a punto de vomitar. Menos mal que aparte de todo
esto, para el resto de los caracoles soy un molusco de lo más sensato y cabal. En más de una ocasión me han visto merodear por lugares santos y abrazar la cruz como un obispo en día de procesión.

Supongo que no me creeréis, que un simple caracol de segunda como yo es imposible que pueda vivir tantas aventuras como estoy contando, pero teniendo en cuenta a la velocidad en que me muevo y los pocos años que nos aseguran que vivimos, cada día que salgo de la casa jaula es como una semana de vida humana. 

Algo así me explicó el padre de la fuerza oscura el día que por casualidad lo encontré cara a cara encima de la mesa. Estuvimos charlando casi media hora y pude comprobar que su atracción era terrible.

Y bueno, aquí dejo un poco mis memorias, soy joven aún y todavía me quedan muchas aventuras por vivir, quizá en un futuro no muy lejano pueda viajar hasta el espacio, montar en avión o que me saquen hasta en un relato. ¿Quién sabe?
Tengo que empezar a soñar…


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