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miércoles, 22 de febrero de 2017

"BUSCARTE" (Autora: CRIS FLANTAINS)



Buscarte: esa es la última misión.
Hago un enérgico desayuno. No me van a sobrar las energías, zumo, tostadas, café con leche y un par de huevos pasados por agua.
Empezaré por la línea 13. Me subiré al autobús y dejaré que me arrastre por la ciudad, atenta, tras el cristal, a la rosa negra de su pelo, a su caminar cansino, al brillo diamantino de los ojos que tantas veces rayó los míos.
Le echo de menos a rabiar. Es un sentimiento visceral que se define en blanco y naranja mientras apuro, con la cucharilla, la cáscara del último huevo.
Me pongo el abrigo y el gorro, la bufanda. Busco los guantes y me cuelgo el bolso. No friego los cacharros que he ensuciado, tal vez cuando vuelva.
Tal vez, cuando vuelva, esté desganada y en vez de fregarlos los tire, para que los laman las ratas, para que arrebañen las migas las cucarachas, para que se den un festín los gusanos de las cloacas.
De camino a la puerta, compruebo cuánto dinero llevo en la cartera. De las llaves voy despreocupada. Desde que te fuiste, ya no he podido cerrarla nunca más.
Nunca más; no quiero pensar en eso. Nunca más es demasiado tiempo hasta para mí. Nunca más es todas las cosas, es ninguna. Es absurdamente definitivo, mediocre, mezquino.

Bajo las escaleras con los ojos bien abiertos, intentando escupir por ellos ese nunca más que me atruena.


Veo el autobús parado en el semáforo.
En breves segundos estaré subida en él y comenzará mi periplo.
Me viene un eructo con sabor a zumo de naranja que hace que se me llenen los ojos de lágrimas. Un transeúnte al verme, se apiada de mi. Se lo noto en la mirada. Se preguntará por qué una chica como yo tiene los ojos llenos de lagrimas en un día que aún puede ser prometedor. Se preguntará un montón de tonterías más a medida que consume su camino y se responderá a ellas, a la carta.
Llega el autobús y me subo.  Aprovecho la primera ocasión para sentarme y echando la vista a la acera, me despreocupo de ancianos y tullidos. Me concentro, en lo mío: yo busco, te busco, incansable, todos los días.

Esa es mi última misión y no me importa nada más.

lunes, 9 de mayo de 2016

"LEONOR DE TOVAR O CÓMO SALVARSE DEL TRISTE OLVIDO" (Autora: CRISTINA FLANTAINS)


- “Cuando rompáis más lanzas que Don Álvaro en Madrid”
 Eso le contestó en un susurro casi inaudible  y retirando la mano, que él no terminaba de apartar de los labios, se dio la vuelta acompañada  de un rumor de sedas y de un ligero rubor en las mejillas. Sabe que Suero está en prisión de amor desde hace meses, no es que lo sepa ella, Leonor de Tovar, ¡es que lo sabe toda Europa! Pero nunca hubiese imaginado que fuera ella la carcelera y parece que los versos que Suero cincela con sus labios sobre la mano de la dama, no dejan duda:
“Que tan fermosa la vi
Que m´oviera de tornar
Loco el día que partí.”
 Los escribió antes de marchar a Granada, junto a Álvaro de Luna, a hacer doblar las rodillas al Emir. Qué pena que Castilla tuviere a sus más ladinos enemigos en su propia corte. Suero, valiente, se vino con el corazón desengañado porque ser valiente nada tuvo que ver con ser valiente y, casi  sin pensar ni  imaginar que aquellos versos corrieron por toda la corte de boca en boca, de dama en dama, cual brisas que alimentan las hogueras de los patios de armas, en las tardes frescas de septiembre, mientras los mozos se calientan las manos y las señoras los corazones en los salones de los castillos,  a la postre serían la mejor excusa de su valor y gallardía   
¡Ay Leonor!, que volando a sus aposentos, dejando a Suero  en el salón con los demás caballeros, se le agolparon los latidos en las sienes.
            ¡Ay Leonor!, que antes de meterse en la cama, esa misma noche, ya está  arrepentida de haber mentado lanzas tronchadas y solo quiere versos y besos de amor sin sospechar, si quiera,  que este lance nacido   de su inocente y femenina vanidad hará que el mundo vuelva los ojos y admire, para siempre, a Suero de Quiñones.
            Y mientras Leonor naufraga en cada una de las orillas que Suero le  propone con tres versos y una sonrisa,  Suero cuenta las estrellas del cielo de Tovar desde el patio de armas. Ha dejado a los demás caballeros  comentando la jornada de caza alrededor de la mesa del anfitrión, pero él,  al arrullo del las últimas palabras de Leonor, ha preferido oír  ya el ruido de la lanza al quebrarse contra el pecho de los caballeros más valientes de toda Europa. Sintiendo el peso del escudo, el nervio del caballo entre las piernas, el sudor corriendo entre la malla y el pecho en la tarde calurosa de agosto, a orillas del Órbigo, justo donde el puente medieval rompe el paisaje de la ribera. Es El Paso Honroso, que no ha de cruzar caballero alguno sin que sepa de su cárcel de amor. Será valiente, Suero, una vez más y esta vez no será inútil tanta valentía.
Corrió la noticia de que cayeron a sus pies lanzas rotas por decenas en las tardes calurosas de 1434, corrió río abajo hasta Oporto y subió entre las brisas camino delante hasta los Pirineos, hasta Santiago de Compostela. El Apóstol tuvo prenda de los aconteceres de la misma mano de Suero. Bien se supo que no hubo prisión de amor mejor  librada que la suya.
A veces en esas tardes de otoño cortas de Noviembre, cuando Suero, después de comer se queda sentado  dormitando frente a la chimenea  y Leonor manda al ama levantar la mesa y atizar el fuego,  apoyada la cabeza sobre la mano callosa y ruda, le parece mentira que hayan pasado tantos años. Mirando a Leonor  cierra los ojos y escucha el siseo de la seda de su falda contra la piedra del salón. Siseo de sedas como las de aquel día en el castillo de Tovar. Es su nana, su cantarcillo favorito, lo mejor y más justo que a Don Suero de Quiñones le ha pasado:
- “Cuando rompáis más lanzas que Don Álvaro en Madrid”

domingo, 3 de enero de 2016

"EL MALDITO MALETIN" (Autora: CRISTINA FLANTAINS)


-No se puede ir así por la vida, con esos pelos despeinados todo el día, pensando que porque te has puesto los vaqueros menos viejos que tienes ya vas bien vestida, con esos zapatos de punteras peladas y esa chaqueta de lana llena de bolitas. Te presentas aquí para que te dé el visto bueno pero… ¿tú crees que esa es manera de enfrentarse a una entrevista de trabajo?  Vas a presentar un proyecto delante de siete personajes y te traes el ordenador y las copias  del proyecto ¡en una bolsa de reciclaje de las que dan en el supermercado!¡pero en qué mundo vives! Necesitas que te compren sí o sí, estas en una situación extrema, tus hijos, por dios, Clara, ¡piensa en tus hijos! ¿Qué va a ser de vosotros cuando se te termine el subsidio de desempleo?

Qué va a ser de nosotros cuando se me acabe el subsidio de desempleo. Así que me puse en sus manos, mi hermana es un fenómeno organizando cosas, lo que sea, es de ese tipo de personas que siempre lo tiene todo claro, joder, nunca entendí porque ella sí y yo no: nos educaron los mismos padres, el mismo ambiente, el mismo colegio… todo lo mismo, hasta dormíamos en la misma habitación y sin embargo ella se come la vida y a mí la vida me come, sin solución.

-A ver, espabila colega; pantalón negro de vestir, busca la blusa que más te guste de mi armario, los zapados de medio tacón y como te vea dar un traspié con ellos te meto una colleja, haz el favor de coger unos calcetines de media del cajón de Pedro.-
-No se mosqueará porque le coja unos calcetines.-
-No se va a enterar, tranquila.-
-Prefiero que me dejes unos tuyos.-
-No te los dejo y punto.-

Ella es buena gente, pero tiene sus cosas, sabe que solo de pensar que llevo los calcetines de mi cuñado no voy a estar relajada ni un minuto, no tengo nada que decir de mi cuñado, pero no me gusta llevar sus calcetines, pienso en esos pies enormes y peludos y se me encogen las tripillas, pero me los pongo dócilmente. Que me haya dejado elegir una blusa me lo compensa todo, además su ropa huele a colonia, aunque esté recién lavada y planchada, a colonia mezclada con su propio aroma, oler a eso me tranquiliza, me da seguridad, nada más que me pongo la blusa me veo con ánimos para comerme el mundo, ya tengo a esos siete metidos en el bolsillo, ya les he vendido mi producto, ya me lo quitan de las manos y estoy firmando un contrato. Y eso es lo único que quiero, firmar un contrato.

No me dejo tocar el pelo, así que mientras se va al trastero a buscar su viejo maletín me quedo sola en el servicio fingiendo que me peino, me gusta mi media melena desordenada, tan pronto me la puedo poner toda para atrás y quedarme con la cara despejada, como con un  movimiento de nuca la puedo traer toda hacia delante para darme un respiro de este puto mundo. Un poco de brillo en los labios, un poco de rímel en las pestañas, nada de lápiz de ojos ¡nada más de nada! Oigo la puerta ya vuelve con su precioso maletín.

-A ver qué traes en esa bolsa: el portátil, diez copias del proyecto, ¿no decías que eran siete?.-
-Ya, por si acaso.-
-Bien pensado. El móvil, el tabaco, el mechero, la cartera; ¿nunca te ha explicado nadie que hay unas cosas que se llaman bolsos y que se usan para llevar todo esto?-
-Déjame en paz, me estas poniendo más nerviosa.-
-A ver, pilla todo eso y mételo con orden en el maletín.-

Lo meto en el maletín, lo meto con dedicación como si de esa manera de meter dependiese todo. Y lo cierro. Ya está. Me observa desde sus zapatillitas con forma de mocasín, me mira y sé que se siente orgullosa de lo bien que he quedado. Sonríe y luego me abraza murmurando en la oreja que ya les tengo convencidos. Acaricia el maletín y me lo pone en la mano.
-Podrás con ello, estoy segura.-

Mientras voy hacia la sede de H&J S.A me siento como se debió de sentir Moises al cruzar el Mar Muerto, con todo ese mogollón de gente detrás de él, y empujo el asfalto con tanta decisión que la puerta de H&J SA está delante de mí antes de lo previsto. No quiero esperar, me encantaría llegar y poder entrar sin tener que esperar, esperar me tortura, no valgo para esperar, ya he esperado demasiado, no quiero espera. Y todo va viento en popa porque no espero.
            Entro en la sala. Una luz blanquísima cae sobre la cabeza de mis siete oponentes y se desparrama por la mesa larga e impoluta, me presento y explico brevemente por qué estoy allí, alguien me dice que tengo quince minutos para hacer mi presentación y convencerles. Poso el maletín sobre la mesa y me dispongo a abrirlo. Pero el maletín no se abre. Hay un silencio expectante. No me quiero poner nerviosa y menos aun que se me note, pero cuando comprendo la puñetera situación empiezo a sudar.
-¿Tiene alguna dificulta?-
-No consigo abrir el maletín, les pido un minuto de paciencia.-
-Permítame ayudarle.-
Y se van levantando, primero uno, luego otro más y así hasta que están todos alrededor del maletín, forcejeando, desarrollando sus estrategias de habilidad o de fuerza y el maldito no se abre. Una voz se sobre pone al murmullo general.
-Señores han pasado los quince minutos, les ruego que ocupen sus asientos y a la señora Clara que abandone la sala. Siento el percance, querida, pero ya ve que no está en nuestras manos hacer nada. Quizá, para la próxima vez.-


Estoy sentada a la vereda de un caminito rustico del parque, estoy sentada encima del maletín y, tras quitarme los zapatos y los calcetines de mi cuñado, he metido los pies en un charco fantástico que parece que alguien ha puesto aquí a propósito. Oigo sonar el móvil, debajo de mi culo, dentro del maletín. Me vuelven a entrar las ganas de llorar. Menuda mierda de día.

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